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Oriente

Oriente
Una historia que se repite a lo largo de todo el Oriente asturiano
14.04.08 -

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Pocos pueden negar que la construcción de la Autovía del Cantábrico ha supuesto una mejora sustancial en las comunicaciones y que ha puesto el centro de la región a tiro de piedra, tanto para lo bueno como para lo malo. Y es que las autopistas, al igual que traen gente, también se la llevan. Y en los casos en los que hay negocios de carretera al lado de la nacional, la llegada de la A-8 no es una buena noticia. Los hosteleros son conscientes de que perderán una buena parte de sus potenciales clientes, que pasarán como rayos hacia su destino una vez tengan dos carriles sin darse ni siquiera cuenta de que al otro lado de las vallas hay un puñado de establecimientos hosteleros huérfanos de camioneros hambrientos y conductores hartos de atascos que se daban un respiro frente a un menú asturiano.

La autovía ha ido avanzando y, en su recorrido, ha hecho que algunos negocios dejaran de serlo y que otros florecieran al lado de sus accesos. Nunca llueve a gusto de todos. Ahora les ha tocado el turno a las decenas de establecimientos que, entre Unquera y Llanes, eran parada casi obligatoria de los conductores. Un montón de obreros, que trabajarán durante meses en la construcción de la autovía, supondrá la última de las alegrías antes de que se ponga en marcha la infraestructura.

Sin embargo, la necesidad de tener una carretera en condiciones, pesa más en la opinión de los hosteleros que su necesidad de hacer negocio. Y es que confían que el atractivo de la zona sea aliciente suficiente para que, en temporada alta, puedan mantener sus negocios llenos de gente. Los accidentes, los atascos y el miedo a cruzar una carretera atestada de coches han marcado en los últimos años a unos pueblos que, ahora, parece que verán por fin la llegada de la autovía.

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