La autovía ha ido avanzando y, en su recorrido, ha hecho que algunos negocios dejaran de serlo y que otros florecieran al lado de sus accesos. Nunca llueve a gusto de todos. Ahora les ha tocado el turno a las decenas de establecimientos que, entre Unquera y Llanes, eran parada casi obligatoria de los conductores. Un montón de obreros, que trabajarán durante meses en la construcción de la autovía, supondrá la última de las alegrías antes de que se ponga en marcha la infraestructura.
Sin embargo, la necesidad de tener una carretera en condiciones, pesa más en la opinión de los hosteleros que su necesidad de hacer negocio. Y es que confían que el atractivo de la zona sea aliciente suficiente para que, en temporada alta, puedan mantener sus negocios llenos de gente. Los accidentes, los atascos y el miedo a cruzar una carretera atestada de coches han marcado en los últimos años a unos pueblos que, ahora, parece que verán por fin la llegada de la autovía.





