Los historiadores debaten sobre las causas que condujeron al estallido del motín del 2 de mayo, pero nadie discute que sucedió en Madrid el 2 de mayo de 1808. Incluso hay bastante acuerdo en la secuencia de los acontecimientos, aunque los testimonios que poseemos ofrezcan matices distintos. Lo mismo podríamos decir del asesinato del presidente Kennedy, puede debatirse sobre si lo hizo Oswald, o sobre si hubo más de un tirador o si existía una conspiración, pero nadie puede dudar que el atentado se produjo en Dallas el 22 de noviembre de 1963.
Con respecto al motín del 5 de mayo de 1808 sucede algo parecido. Es cierto que las fuentes tradicionales -Ramón Álvarez Valdés, el conde de Toreno y Fermín Canella- daban fechas diferentes para el suceso. El primero, testigo de los acontecimientos y quien ofrece un relato más amplio y preciso, decía que se había producido el 5 de mayo, el segundo, que no estaba entonces en Asturias y escribió su historia décadas más tarde, dice, sin ofrecer ningún detalle, que fue el 29 de abril, y el tercero, que escribe un siglo después y sin citar fuentes, intuyo que sigue a Toreno, indica en la página 6 de sus Memorias asturianas del año ocho que fue el 29 y en la 59, probablemente fruto de una errata, que el 27. Cuando publiqué, en 1984, mi libro 'La Guerra de la Independencia en Asturias' aun no había trabajado en el Archivo Histórico Nacional, por lo que no pude aclarar cuál era la fecha acertada, pero sí lo hice para la elaboración de mi tesis doctoral. Tanto en ella, titulada 'La crisis del Antiguo Régimen y la Revolución Liberal en Asturias (1808-1833)' y defendida ante el tribunal en 1988 -fue publicada en microficha ese mismo año-, como en mi libro 'Revolución liberal y crisis de las instituciones tradicionales asturianas', que vio la luz en 1989 y aun puede encontrarse en las librerías, explicaba que la documentación conservada en el legajo nº 5512 de la sección 'Consejos' del Archivo Histórico Nacional nos permitía saber, sin ninguna duda, que el incidente se había producido el día 5 de mayo.
Allí está el 'Expediente formado con motivo de lo ocurrido en la Villa de Gijón de resultas de haber tirado a la calle el Cónsul Francés don Miguel Lagoiniere unos impresos relativos a la mudanza de dinastía'. En él se recoge el auto del juez Toribio Junquera Huergo, que hace un relato muy parecido al de Álvarez Valdés e incluye las declaraciones de testigos como José María Cienfuegos, capitán de fragata y director del Instituto, o Antonio Merconchini. También están un informe del coronel Joaquín María Velarde, comandante de armas de la localidad, y la denuncia de 'Miguel Lagoanere, Cónsul del Imperio Francés' -así firma-, que comienza «no puedo menos de dar parte a V. S» -está dirigida al Regente de la Audiencia- de la violación hecha contra el derecho de gentes en la tardecita de hoy mismo, tanto para con mi persona que contra mi casa y mi familia» y afirma que «mi casa ha sido apedreada con tal furor que ventanas y vidrios, todo ha sido hecho mil pedazos. Esto se ha pasado enfrente de la casa del Juez primero que es precisamente mi vecino. El tumulto ha durado más de dos horas sin que ninguna autoridad haya tomado la menor providencia hasta por fin que a petición mía el Sr. Comandante de las Armas mandó unos cuantos soldados».
En la nota nº 47 del capítulo II de Revolución liberal, p. 164, daba cuenta también de que un documento conservado en el archivo de la familia De la Concha, cuya consulta me había sido facilitada por Carlos de la Concha, corroboraba que el motín se había producido el 5. Como soy consciente de que la lectura de los libros de historia no es una costumbre muy difundida, publiqué un artículo en EL COMERCIO, 'El motín del 5 de mayo en Gijón, prólogo de la insurrección asturiana de 1808', el día 14 de agosto de 1988. También afirmaba en el prólogo a la edición de 1988 del libro de Álvarez Valdés que era él quien tenía razón sobre la fecha del motín gijonés. Como es lógico, en todas mis publicaciones posteriores en las que fue pertinente hablé siempre de los incidentes como «el motín del 5 de mayo», con más o menos extensión según el caso.
Hace ya veinte años, por tanto, que está perfectamente establecido que el motín se produjo el 5 de mayo. No hay teorías posibles, ni nada que debatir. Además, los argumentos que utiliza Antonio Luis Pérez, incluso si no supiésemos que no existe ninguna duda sobre la fecha, no se sostienen, ni tienen nada que ver con lo que relata Álvarez Valdés sobre la huida del cónsul y las causas del 9 de mayo. Los motines del 9 de mayo se produjeron al conocerse las noticias de lo que había sucedido en Madrid el 2, los incidentes de Gijón son una expresión de la tensión que existía en Asturias en aquellos momentos y contribuirían a agravarla, pero no son la causa de los del 9. Nada dice Álvarez Valdés que indique que el motín tuvo que suceder antes del 5, además sería contradictorio con su relato.
Por otra parte, la casa del cónsul francés estaba situada frente a la de correos, en la calle Corrida o de la Cruz, no en la actual calle de Oscar Olavarría. Por todo ello, creo que los organizadores de los actos deberían corregir su error, modificar la placa e incluso cambiar el lugar donde va a ser instalada. No tiene ningún sentido que se coloque en la vía pública una placa plagada de errores que sólo serviría para perpetuar la confusión. Si realmente se coloca, sólo puede entenderse como una broma de mal gusto o una extravagancia. Tal sería conmemorar un acontecimiento atribuyéndole un día en el que no sucedió nada y un lugar donde tampoco nada ocurrió.
El motín del 5 de mayo debe enmarcarse en la serie de incidentes que provocó en varios lugares de España la campaña de los agentes napoleónicos para preparar las abdicaciones de Bayona. Es una prueba de la amplitud del descontento y la grave tensión que existía en todo el país antes incluso de que se conociesen los sangrientos sucesos del 2 de mayo y, como señalaba antes, contribuyó a que la reacción de Asturias cuando se conozcan sea la más radical. Se trata de un acontecimiento histórico relevante y si Gijón quiere conmemorar su participación en el levantamiento de 1808 debe hacerlo con rigor.





