
El grupo de gaitas Nalgañu, compuesto por sobrinos de la popular intérprete, acompañó con su música la entrada del féretro, que fue llevado a hombros por familiares cercanos. Centenares de personas acudieron a la ceremonia; tantos, que muchos tuvieron que aguardar fuera del templo. El párroco que presidió el funeral, Ángel de la Lama, agradeció en nombre de Tino -esposo de Margarita-, María Belén -su hija- y Óliver -su nieto- los gestos de cariño recibidos por la gente en los últimos días. «Ella ha sido recibida por los gaiteros del cielo y se ha encontrado con su hermano Pepe y tantas otras personas que la precedieron», aseguró el párroco.
Julio César Baragaño, presidente de la Asociación de Intérpretes de la Canción Asturiana, de la que Margarita formó parte durante muchos años, señaló emocionado que «perdemos una gran voz y una gran amiga». Al acto asistieron destacadas figuras del mundo de la tonada, como Rogelio Suárez, Josefina Argüelles, Maximino Solís, Mari Celi Fernández o Javier Díaz 'el de Arroes', íntimo amigo de la fallecida, quien contó que «lo mismo cantaba una tonada que una jota o flamenco. Se va una de las grandes de Asturias». También asistieron Marcelino Martínez, de la Fundación Municipal de Cultura, y Carmen Veiga, directora del teatro Jovellanos.
El cuerpo de Margarita Blanco fue incinerado y sus cenizas esparcidas por la Casa de la Luz, en La Collada (Siero), lugar en el que nació. Mañana a las 17 horas tendrá lugar una misa en su recuerdo y en el de sus nueve hermanos. Será en la iglesia parroquial de La Collada.





