Según indicó el abogado de la acusación particular, Ricardo Fernández, el juez consideró probada la implicación del condenado en los hechos que se le imputaban, si bien decidió imponerle la petición solicitada por la Fiscalía y no la de la acusación particular, que era de un año más.
La vista por este asunto tuvo lugar a principios del pasado mes de febrero y en ella testificaron el pediatra y el médico forense que trataron al niño. Los expertos indicaron que el menor «tenía deformada la cabeza por los golpes y las orejas desplazadas hacia adelante», por lo que concluyeron que esas lesiones «no se pudieron producir por una caída fortuita», tal y como habían alegado los dos acusados.
La versión de los encausados era que el niño se había caído de la cama. El hombre declaró ante el juez que «estaba en el salón y escuché un gran golpe. Cuando fui a la habitación, el niño estaba tirado en el suelo y sólo tenía un pequeño golpe en la parte derecha de la cabeza».
Por su lado, la mujer testificó que «cuando llegué a casa a las siete de la mañana me encontré al niño llorando y vi que tenía algunos golpes, por lo que le dije a mi marido que fuese a una farmacia a comprar una pomada para echarle».
Hospitalizado
La víctima tuvo que ser ingresado en el Hospital de Cabueñes la tarde del 13 de mayo de 2006 y presentaba la cara y la cabeza amoratadas. El niño estuvo internado seis días en la planta de Pediatría. Al parecer, esa noche, al igual que durante las dos semanas anteriores, el pequeño había quedado al cuidado de una compañera de trabajo de su madre y de su marido, a había acordado pagarles por ello 600 euros al mes.





