
-¿Qué le motivó a iniciarse como cooperante?
-Empecé movida por la curiosidad y por el deseo de ayudar. Habían sufrido unos meses antes el Huracán Mitch y parecía un momento oportuno. Llegué con dos amigas a Progreso (Honduras) y muy pronto me enamoré de la vida de allí. Había una gran ilusión por cambiar las cosas por parte del equipo de trabajo.
-¿En qué consiste su labor?
-Principalmente en acompañar los proyectos, con la idea de que haya allí una persona que verifique que los proyectos avanzan, que se cumplen las condiciones propuestas, pero sobre todo que sientan que estamos trabajando juntos, y que soy un apoyo y una compañera de viaje. Cáritas quiere evitar convertirse en una mera transmisora de dinero para hacer de la cooperación una actividad más compartida, humana y solidaria.
-¿Cómo es el trabajo desde Asturias?
-Desde aquí se trabaja la sensibilización de la sociedad asturiana, y una de sus facetas es el envío de voluntariado a los proyectos. De hecho, desde que empecé a trabajar en Cáritas han ido 35 personas voluntarias. Merece la pena ir y conocer porque es difícil hacerse una idea de una realidad tan diferente.
-¿Qué se siente al encontrarse de nuevo el modo de vida de España?
-El cambio es muy impactante, y a pesar de los años sigo sintiéndolo. Aunque el consumismo existe allí también, aquí llega a unos niveles más altos, y es más difícil escaparse. El consumismo envuelve, y llega un momento que ya no sabemos qué es prescindible y qué no. Cuando vuelves te das cuenta que se puede vivir con mucho menos.





