
Nuestro añorado escritor Luciano Castañón también dejó su impronta con este verso recogido en sus investigaciones: «El que todes les romeríes / quiera andar / po'l Cristo L'Abadía / tien que empezar». Y tampoco podía faltar la máxima expresividad de la poesía asturiana en la pluma de Alfonso Camín, que nos dejó entre otros muchos: «Gaiteru de Libardón / y Tambor de L'Abadía / ¿Vámonos de romería! / los tres al son del roncón».
Pero quizá la relevancia de esta primera fiesta cuyo nombre completo es 'El Santo Cristo de la Misericordia y el Perdón de la Abadía de San Juan de Cenero', no es consecuencia del azar, si no de la trascendencia histórica que ha tenido a través de los siglos esta zona del concejo tan ligada a la propia historia de Gijón y de Asturias, como lo demuestran las últimas excavaciones de la villa romana de Veranes, cuyas primeras iniciativas en su conocimiento se las debemos a la ingente e incansable labor de investigación de don Manuel Valdés que fue uno de los curas párrocos más famosos de la Abadía de San Juan de Cenero.
Cierto que a la hora de enlazar la historia de la Abadía de Cenero tenemos que enlazar los estudios de otros recordados y admirados investigadores como el citado Chano Castañón, Pedro Hurlé, Joaquín Manzanares, Magín Berenguer, Patricio Adúriz y, ya más cercanos, Luis Argüelles, Isidoro Cortina Frade y la arqueóloga Carmen Fernández Ochoa, que por suerte aún están entre nosotros para seguir trabajando en tan altruista labor.
Y junto con esta omnipresencia de Cenero en la historia de Asturias desde que los romanos sentaron sus reales por estos lares, no menos transcendentes fueron sus vecinos don Diego Rodríguez Porcello, fundador de la ciudad de Burgos, don Diego de Valdés, uno de los 'adelantados' y conquistador de la ciudad de Sevilla, y el no menos famoso Alfonso Enríquez, Conde de Noreña y Gijón, natural de Cenero donde tenía uno de sus más importantes palacios, y de cuyas continuas guerras con Enrique II de Tratamara, llevó a la destrucción de la Puebla de Gijón y consecuente creación del Principado de Asturias que ha perdurado hasta nuestros días.
Daños en la Guerra Civil
De estos ya lejanos siglos XIII y XIV data el origen de la Abadía de San Juan de Cenero, de su templo, de su Cristo y otras muchas reliquias que como es sabido algunas sufrieron daños irreparables durante la Guerra Civil de 1936, entre ellas el Santo Cristo, por lo que el que ahora se venera fue obra del imaginero langreano Alfonso Fernández y, por ello, Alfonso Camín nos deleita con otro de sus versos: «Este es un Cristo asturiano / pero, un Cristo que ha de ser / de nogal o de manzano / que le sienta florecer / cuando lo tenga en mi mano».
Al lado de los restos del templo parroquial que conserva vestigios de su origen, tenemos la 'Cruz Procesional' que hace ahora medio siglo el investigador Pedro Hurlé Manso nos relataba con todo detalle como una auténtica joya del siglo XIV, de 65 centímetros de alto por 55 de ancho, con alma de madera y forrada de láminas de lata repujada, en la que además del Cristo como figura central sobresalen importantes símbolos, como el sol, la luna, las estrellas, las ondas del mar, el Alfa y Omega, y el cordero pascual en su reverso, y cuya donación atribuye al Emperador Carlos I, o a la casa de los Valdés, aunque esto no es más que una simple muestra de los muchos tesoros artísticos e históricos que concentra la Abadía de Cenero, donde aún perduran restos de torres que pertenecieron a don Rodrigo Álvarez de las Asturias.
Aniversario
Ahora bien, la celebración del Cristo de la Abadía de este próximo mes de mayo de 2008, tiene un especial significado para la época contemporánea, puesto que se cumplen 50 años de la creación de la primera 'Sociedad de Fiestas del Santo Cristo de la Abadía' que contribuyó a dar un mayor impulso a una fiesta tanto religiosa como tradicionalmente asturiana, que con anterioridad organizaban bien desde la misma parroquia o vecinos que ocasionalmente se reunían para sacar adelante esta 'primera romería', que con ser muchos sus alicientes que la falta de espacio nos obliga a simplificar, es necesario resaltar al lado de la tradicional misa solemne y Procesión de la Altarina, los actos de folklore asturiano y la clásica romería, el partido de fútbol entre mujeres solteras y casadas que se viene celebrando desde 1961, fue de un sorprendente éxito cuando era impensable que una mujer diese patadas a un balón, y ahora compite en expectación con los concursos de deportes autóctonos.
Cierto que en la Abadía de Cenero conviven felizmente ganaderos, agricultores y vecinos que eligieron Cenero como sede residencial. No obstante como escribió Alfonso Camín: «Aún está la espinera florida por el camino», y no olviden que el éxito de este año está una vez más asegurado, pues ya lo deja bien sentado este otro verso: «Desde el cielo / y n'esti día / amenizará la fiesta / 'el tambor' de L'Abadía».





