
Por eso, no tiene pensado dejar de vivir como lo ha hecho hasta ahora. Trabajando todo lo que puede y afrontando la vida con un envidiable buen humor. Y por eso planea un viaje a Covadonga: «Hice la promesa a los noventa y pico, pero al final van a tener que llevame. Ahora creo que ya no podré ir andando». Más risas.
Su maña y diligencia hicieron que algún médico de antaño se fijase en «lo curiosina que ye esta muyer». Y de ahí a ser la encargada de hacer las curas y poner inyecciones a sus vecinos hubo sólo un paso. «Pero tiraben de mi pa todo. Que se ponía a parir una vaca en el pueblu y ya tenía gente a la puerta», recuerda. Lo que tiene ser la más curiosa. Y tener madera de líder, claro.
Se la ha ganado a pulso. Su madre murió cuando ella tenía ocho años y pasó a hacerse cargo de una casa en la que vivían su padre y sus cinco hermanos. Todos varones. Lo mismo le ocurrió a ella. Parió dos niños. «Con tantu hombre en casa, tuvo que ponese firme», le reconocen ahora sus nietas. Por fin mujeres.
Por raro que parezca, esta matriarca lista y lúcida sigue teniendo la sartén por el mango. «Es ella la que manda», reconocen todos. Sus biznietos, el más pequeño tiene 17 años, deben cambiarse de ropa si ella lo considera oportuno. Que hace mucho frío. O se van a manchar. Y apartarse del ordenador, porque «ay, si fuérais fíos míos».
Le gusta el reconocimiento, pero no le hace ni pizca de gracia que su nuera y sus nietas quieran maquillarla para salir en las fotos. Eso no. «Como está mandao, salgo sin pintar». No es de extrañar que quiera presumir de la cara que conserva desde 1908.
La celebración
Como ya ocurre desde hace unos años, el cumpleaños de Engracia es todo un acontecimiento social en La Pedrera. Sus hijos y nietas invitarán mañana a los vecinos a casa, a comer pasteles y tomar «el cafetín». Como para no celebrarlo. Pero este año, por qué negarlo, es especial. No todos los días se convierte una en centenaria. Así que Engracia quiere salir a comer fuera con toda su familia. No hay más que hablar. Así será.
«Es increíble la memoria que tiene para todas las fechas. Hasta hace poco leía el periódico todos los días, pero ahora creo que ya no», explica su nuera. «¿Sábelo ella, ho!», sentencia Engracia.





