Para el debate, la candidata Esperanza lleva por bandera algo fácil de resumir. Consiste en la aplicación del sistema capitalista a la gestión pública, esto es, ella, la presidenta, construye con dinero público proyectos de utilidad general, y en cuanto los tiene concluidos, se los entrega en cómodas cuotas mensuales a empresarios particulares para que éstos los hagan funcionar en el libremercado, que la dama desconfía del incapaz funcionariado público, o si no, mira Cuba o el denostado socialismo real.
Lo de Esperanza Aguirre tiene, además, un valor añadido, y es que los empresarios que reciben la bicoca, el chollo o el encargo de mover la cosa, se quedan devotos de la presidenta para los restos, y eso permite a la ávida dama ir tejiendo una red o malla social de clientelismo, algo parecido al tinglado que tiene montado el PNV en las Vascongadas, o algo parecido, pero distinto, a lo que hacen las mafias de toda la vida, pero en honrado y legal, no a lo bestia. Algo que cualquiera puede contemplar cada día en el teledirigido telediario de Telemadrid construido ad maiorem gloriam de una presidenta cuya faz, pegada en la pantalla como un moco, ora inaugura un hospital, ora una calle, ora un geriátrico, ora un tanatorio, enquistada en la carta de ajuste de su tele como un parásito de la triquinosis.
Por buena política, Esperanza es ambiciosa, lista y carece de complejos. Y juega a ganar, más ahora que Aznar, el héroe de la guerra de Irak, ni está ni se le espera, que Gallardón está desacreditado por ella misma y por sus secuaces, y que el vencido Rajoy simula que ni sube ni baja. Parecería que tiene bien calculados los riesgos, no como nuestro miope Gabino de Lorenzo que ha poco se pegó el gran batacazo, el gran llombazu diría él, por meterse en un barrizal. Y sin embargo Esperanza deberá antes hundir a un Rajoy que aún puede esconder bajo su alma gallega a un tipo con correa y a un terne político de raza, es decir, a un 'Yo sigo' como el Kiko Ledgard del 'Un, dos, tres...', un contrincante que todavía puede porfiar duro si se traba en torneo con nuestra heroína. Es más, el pontevedrés parece que sí va a entrar en liza pues se ha librado por las bravas de la jauría carroñera que le engañó antes, jauría que ahora glorifica a su competidora por la Cope y por las páginas de 'El Mundo', más que nada por hincarle el diente a los restos del naufragio mientras izan a su nueva campeona. Lo malo es que Rajoy es hijo del dedo de Aznar, dedo que es a su vez hijo espurio del dedo de Fraga, y que por lo tanto es dedo nieto del dedo del Caudillo aquel, ¿recuerdan?, sí hombre, aquel, ¿cómo se llamaba?, y eso no le beneficiará en la reyerta fratricida que se avecina entre marianistas e isabelinos.
Con lo que todo dependerá del lado en el que se sitúe la vieja guardia del PP.





