-En abril, aguas mil.
A Pepe'l Calaínes, el parco en palabras que suele aderezar con referencias al refranero, se le disparó el automático:
-Abril sonriente, de frío mata a la gente. Abril tronado, viene buen verano. Abril y mayo, las llaves de todo el año. Además, ya se sabe que heladas de enero, nieves de febrero, lloviznas de marzo, lluvias de abril y aires de mayo, hacen hermoso el año.
Después de un culín para reponer fuerzas, Calaínes completó uno de los más extensos comentarios que se le recuerdan. Y lo hizo con una originalidad parangonable a la de quien abrió la brecha meteorológica:
-Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo.
El omnipresente Casacites no perdió ocasión para volver a hacer gala de su memoria elefantina y de que es tan listo que hasta sabe latín:
-Mensibus erratis noli considere soli, o sea, que en los meses que tienen 'r' no te sientes al sol.
La tertulia discurrió luego por los cauces de la meteorología ('mentirología') y las críticas a los errores del servicio meteorológico ('ilógico'), y así hasta que el mentado Casacites narró esta anécdota:
-Años atrás, los indios norteamericanos de una reserva preguntaron a su jefe, joven e inexperto, por la posible dureza del invierno que se avecinaba. Al hombre no lo había informado su antecesor de los ritos mágicos para predecirlo, de manera que respondió al albur que se aprovisionaran de leña porque iba a ser una estación fría. Ante la posibilidad de haber cometido un error, llamó al servicio de meteorología, donde le confirmaron que, en efecto, la cosa se presentaba cruda. Como aún restaban semanas para el inicio de la última estación, el jefe llamó varias veces más y siempre halló idéntica respuesta a la primera, por lo que mandaba a los de su tribu que apilaran más y más leña. Un día logró conectar con el responsable de los meteorólogos, que le matizó: «Será uno de los inviernos más duros que se recuerdan, porque los indios de la reserva no dejan de recoger leña».





