
Marisa es una de los 58 disminuidos que trabajan en el centro supervisados por 14 personas 'no minusválidas'. En total, 72 trabajadores que, día a día, consigue sacar adelante la empresa Vegapresas. En esta denominación comercial se agrupan dos centros especiales de empleo: el de Jardinería Exterior y Vivero Garden, y el de Servicios Auxiliares.
Los trabajadores se dividen en diferentes equipos y se dedican a la construcción y mantenimiento de jardines y zonas verdes, a cuidar las plantas y frutales del vivero y a la manipulación de productos alimenticios, limpieza, mantenimiento, obras y transporte, entre otras muchas labores.
Marisa y sus compañeros vieron cómo una visita rompía ayer su rutina diaria. Pilar Rodríguez, consejera de Bienestar Social, se desplazó ayer a la parroquia de Vega para conocer las modernas y amplias instalaciones de Vegapresa. «Es una organización modélica en el sentido de que permite a las personas con discapacidad psíquica ser autónomas, lo cual no es muchas veces habitual, porque se suele pecar de proteccionismo de manera inconsciente», señaló Rodríguez.
Marisa le regaló a la consejera una de las pelotas que estaba empaquetando y que Rodríguez no dejó de manosear durante toda la visita. Entre tanto, aseguró que intentará que la Agencia para la Discapacidad ayude a promocionar la actividad comercial del centro, porque según arguyó «quizás hace falta que tenga mayor difusión. Es necesario que los ciudadanos sepan que aquí también pueden adquirir muchos y buenos productos».
¿Integración plena?
A la visita también acudió la viceconsejera Teresa Ordiz que recordó el trabajo que está realizando Bienestar Social a través de diferentes programas para conseguir la integración. «Para ello hemos puestos en marcha la Agencia de Discapacidad. El objetivo es que las personas consigan la formación necesaria para su posterior integración en el mundo laboral. En este sentido, este es un centro de referencia que lleva muchos años de experiencia», subrayó Ordiz.
Por su parte, José María Mori, presidente de la asociación Una Ciudad para Todos reconoció que «no podemos aspirar a un nivel de integración pleno, pero sí a que este sea aceptable, aunque... ¿para quién es totalmente pleno?», se preguntó. Mori explicó que «el problema es que los demás sienten cierto miedo a que a los disminuidos les ocurra algo, pero en realidad, muchas veces ellos son más cuidadosos que los demás, porque han sido educados para ello».





