Zapatero y Fernández de la Vega coincidieron en la necesidad de mandar un «mensaje fuerte» de apoyo al sector turístico español, que no vive sus mejores horas con un euro demasiado apreciado. Ambos convinieron que Mesquida podría ser la persona adecuada para relanzar este sector, ya que fue consejero de Hacienda en Baleares, una comunidad con más de once millones de turistas anuales.
El presidente comunicó su decisión a Alfredo Pérez Rubalcaba. El ministro se tomó «fatal» la propuesta. «Prescindir de su 'hombre fuerte' no le hizo ninguna gracia», recordaron ayer responsables de Interior. De hecho, Rubalcaba trató de convencer a Zapatero de que Mesquida, un político fiel y muy discreto, era el perfil que necesitaba la jefatura de Seguridad para un período como el que se avecina de bajo contenido político, sin tregua de ETA de por medio. Al final, el presidente volvió a doblegar la voluntad de Rubalcaba, al que sólo horas antes presionó hasta la saciedad para que siguiera en el cargo de ministro.
Pero también entran en juego cuestiones personales. En la decisión de Mesquida de abandonar Interior han pesado sus complicadas relaciones con el 'número dos' del departamento, el secretario de Estado para la Seguridad, Antonio Camacho, con quien nunca ha tenido especial empatía.





