En realidad, el problema no está en que los moriscos pidan tal o cual cosa, sino en que los españoles creamos que todo el mundo tiene derecho a pedirnos compensaciones por agravios pasados. Lo prodigioso de la 'leyenda negra' antiespañola es que sobrevive gracias a los españoles, que somos probablemente los únicos que nos la hemos creído. «Fuimos expulsados por una débil razón», decía a las cámaras de TVE Otman Sordo, prototipo de morisco elegante y educado. Era ahí, y no en otro lugar, donde el reportaje de La 2 tenía que haber recurrido al 'flash-back': ¿Por qué fueron expulsados los moriscos?, '¿Débiles razones?'. Hizo falta un ejército traído de Italia para sofocar la sublevación morisca de 1568-1571; en la insurrección llegaron a participar unos 25.000 moriscos, los cuales, por otro lado, acabaron matándose entre sí. Los insurrectos contaban con financiación argelina y turca, es decir, los dos mayores enemigos de la España de la época. Aún así, no se expulsó a los moriscos en aquel momento (porque la nobleza terrateniente los protegió), sino que a unos se los asentó en otros lugares y a otros se los mantuvo en sus tierras. Fue después, al enquistarse la diferencia religiosa como un problema político, cuando se decretó la expulsión. Lo que no podemos pensar es que nuestros antepasados eran un pozo de violencia racista e intolerancia étnica, sencillamente porque no es verdad.





