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Sociedad

CRÍTICA DE TV
Moriscos
15.04.08 -

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EN 2009 van a cumplirse cuatrocientos años de la expulsión de los moriscos, los musulmanes que se quedaron en España después de 1492 y que fueron expulsados tras un largo proceso que terminó en 1609. A propósito de la efeméride, los descendientes marroquíes de aquella gente han pedido que se les «devuelva» la nacionalidad española, así como otras reparaciones 'morales'; petición apoyada por los actuales musulmanes españoles. La 2, siempre sensible con estas cosas, ofreció este domingo en 'Crónicas' un reportaje de apoyo: 'Los senderos de la nostalgia', firmado por David del Puerto y con guión de Carmen Corredor. Lo que llamaba la atención en su planteamiento era la toma de posición previa: hay una minoría extranjera que hace una reclamación a España y hay que prestarle cariñosa atención. ¿Por qué hay que prestarle cariñosa atención? Por una convicción implícita: España es culpable. Por eso debe atender con humildad cualesquiera reclamaciones de cualesquiera personas avasalladas por la criminal furia española en cualesquiera momentos de nuestro oscuro pasado.

En realidad, el problema no está en que los moriscos pidan tal o cual cosa, sino en que los españoles creamos que todo el mundo tiene derecho a pedirnos compensaciones por agravios pasados. Lo prodigioso de la 'leyenda negra' antiespañola es que sobrevive gracias a los españoles, que somos probablemente los únicos que nos la hemos creído. «Fuimos expulsados por una débil razón», decía a las cámaras de TVE Otman Sordo, prototipo de morisco elegante y educado. Era ahí, y no en otro lugar, donde el reportaje de La 2 tenía que haber recurrido al 'flash-back': ¿Por qué fueron expulsados los moriscos?, '¿Débiles razones?'. Hizo falta un ejército traído de Italia para sofocar la sublevación morisca de 1568-1571; en la insurrección llegaron a participar unos 25.000 moriscos, los cuales, por otro lado, acabaron matándose entre sí. Los insurrectos contaban con financiación argelina y turca, es decir, los dos mayores enemigos de la España de la época. Aún así, no se expulsó a los moriscos en aquel momento (porque la nobleza terrateniente los protegió), sino que a unos se los asentó en otros lugares y a otros se los mantuvo en sus tierras. Fue después, al enquistarse la diferencia religiosa como un problema político, cuando se decretó la expulsión. Lo que no podemos pensar es que nuestros antepasados eran un pozo de violencia racista e intolerancia étnica, sencillamente porque no es verdad.

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