La utilidad del artilugio mágico es incuestionable, pero no debiera usarse para cuestiones insignificantes. Suenan hasta en las misas de difuntos y en los conciertos. Incluso en las cabinas telefónicas. Suenan siempre y durante estos días, con eso de la nueva hornada ministerial, están sonando más que nunca. Hay que tener en cuenta que cada nuevo cargo tiene varios amigos, muchos conocidos y muchísimos saludados.
Van a moverse bastantes puestos y hay que estar al loro, como Silver, el pirata de la pata de palo, y muchas veces por las mismas razones.
La inyección económica de 10.000 millones, que ojalá no sea letal, va a hacer que aumente el número de personas atentas y el plan anticrisis determinará crisis nerviosas. Asistimos, si bien a distancia, a un tratado de límites sobre las competencias de cada cual, pero lo que rogamos a los volubles dioses es que haya menos incompetentes.
«El vicepresidente soy yo», ha dicho el señor Solbes, para situar al caballeroso señor Sebastián. Desde el FMI hay una llamada dándonos ánimos: «España será el primer país en recuperarse».





