
Todo ello dando relieve y color a un argumento mínimo y viejo: Cirilo II, destronado del reino de Molavia y exiliado en Inglaterra, trata de salvar su dorado exilio mediante el matrimonio de su hijo, el príncipe Pío, con la princesa Olga. Para hacer frente a los gastos de la boda, el consejero Sisa propone al rey que solicite un préstamo al millonario general venezolano Tocateca.
El general está casado con la bella Berta quien fue cantante de 'varietès'en París. Gracias a Berta se salva el matrimonio de los príncipes y el buen pasar de los reyes si corona. En la nueva producción del Teatro de la Zarzuela se entremezclan los elementos decorativos propios del Music Hall y las líneas precisas de la zarzuela. Escénicamente el primer acto es esencial, leve de trazos, con una estética clara y sencilla, apoyada por los juegos de los luces. Respecto al coro, éste se mueve bien en el escenario, con aires de revista. Durante el primer, fueron especialmente aplaudidas las intervenciones de Carmen González con la canción del Arlequín y Enrique Ferrer, Príncipe Pío, interpretando 'Yo os invito amigos míos'.
En el segundo acto nos encontramos con despliegues lujuriosos decorativos propios de la opereta con más recursos. Precisamente estos recursos, sutilmente administrados por Sagi, son lo que dan el toque supuestamente aristocrático y algo kish a la obra. Ante todo, la segunda parte es un carrusel en medio del escenario que va girando y termina de una manera casi apoteósica, con una lluvia de dorados en el último número.
En el segundo acto sería muy aplaudida la cantante asturiana Beatriz Díaz, en el papel de Princesa Olga, que ganó mucho en la extensión de la voz y la potencia vocal y fue de lo más destacado de la obra. Sin duda, el brillante final fue de lo más destacado, provocando los aplausos del público que ayer se citó en Oviedo y que llenó las gradas del Campoamor.





