El nuevo ministerio funde el medio ambiente, la pesca y el sector agrario y alimentario. Hasta ahí tiene sentido. En la anterior legislatura comprobamos los problemas que se generan cuando los responsables de agricultura y medioambiente tienen objetivos, visiones y sensibilidades diferentes. Donde existe mayor ambigüedad es en el concepto 'medio rural', entre otros motivos porque va mucho más allá que la agricultura, la ganadería, los bosques o la alimentación. En el medio rural existen zapaterías, fábricas de clavos, clubes de alterne y otros muchos negocios que nada tienen que ver con el sector primario y casi nada con el concepto de desarrollo rural que emana de la Ley de Desarrollo Sostenible del Medio Rural. A esto hay que añadir que gran parte del poderoso sector agroalimentario se sitúa fuera del medio rural.
A pesar de esta indiscutible pérdida de identidad nominativa, no debemos perdernos en debates estériles sobre terminología. Habrá que esperar a ver cómo el nuevo Ejecutivo afronta las tareas que le vienen encima; por ejemplo, el trascendente chequeo médico, para un sector con una salud delicada, o la política de agua, con una Elena Espinosa que hasta la fecha podía refugiarse en el 'pío pío que yo no he sido', mientras Cristina Narbona se erigía como el azote del agro. Ahora le toca dar la cara y justificar a una buena parte del tejido productivo la cada vez mayor escasez de un recurso imprescindible. Espinoso asunto.
No queda claro si el presidente del Gobierno tiene clara la importancia estratégica de apoyar el sector agrario y alimentario, como hacen la mayoría de gobiernos del resto de la Unión Europea. Lo que sí ha quedado claro es que no lo demuestra. En cualquier caso, una decisión absurda, de cara a la galería. MÁS INFORMACIÓN SOBRE EL CAMPO en EL PROGRAMA LA TRILLA (FM 97.9 DEL DIAL). DOMINGOS DE 15 A 16 HORAS





