El IX Congreso de 'Rusia Unida', organización creada por el Kremlin hace ocho años, comenzó el lunes con mucho aspaviento y cobertura mediática. Se diría que hay por delante una nueva convocatoria electoral. Pero no es el caso. Las legislativas se celebraron en diciembre, con victoria aplastante de 'Rusia Unida', y las presidenciales en marzo, también con un apabullante éxito de su candidato, Dmitri Medvédev, el hombre designado por Putin para sucederle.
Lo que parece haber detrás de todo es un intento de lanzar un mensaje claro a la sociedad de que Putin no será un primer ministro dependiente del jefe del Estado, como todos los anteriores, sino con fuerza propia y con el respaldo total del Parlamento. No permitirá que su delfín trastoque sustancialmente el actual statu quo. Contar con más de los dos tercios de los escaños de la Duma permitiría iniciar el procedimiento para apear a Medvédev de la presidencia e incluso para modificar la Constitución.





