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AL AIRE
Determinismo
16.04.08 -

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AL existencialista Fredo Kierkagar basta con preguntarle por cómo le va la vida para que su respuesta sirva para completar la columna del día:

«Cuando uno se lo cuestiona todo y navega impulsado por los vientos del raciocinio, corre el riesgo de zozobrar entre los escollo del mar de la duda.

¿Cúal es la religión verdadera? ¿Existe alguna que lo sea?

¿Qué doctrina filosófica explica mejor el sentido de la vida? ¿Tiene algún sentido la vida?...

Preguntas y preguntas que se quedan sin respuesta -o al menos sin respuesta satisfactoria-, confirmadoras de esa definición de Filosofía como ruta con muchos atajos que lleva desde ningún sitio a ninguna parte.

'¿Por qué te comes tanto el tarro, güelín?', suele preguntar retóricamente mi imberbe nieto. Suena a reproche, pero lleva razón, sobre todo si uno se para a pensar que lo que sabe con certeza a los setenta años ya lo sabía a los veinte. O sea, que son cincuenta años de un largo y superfluo trabajo de mera constatación.

Como mi admirado Cioran sé también que mi nacimiento es una casualidad, un accidente risible, y, no obstante, apenas me descuido me comporto como si se tratara de un acontecimiento capital, indispensable para la marcha y el equilibrio del mundo. Un mundo próximo en el que las preguntas capitales no son '¿quién soy?, ¿de dónde procedo?, ¿a dónde voy?', sino ésta: '¿jugará Raúl en la selección española?'.

Así que últimamente me he pasado al determinismo, y estoy dispuesto a creer que no somos dueños de nuestros actos y que todo acontece por voluntad divina. Mismamente como en una anécdota en la que se cuenta cómo juegan al golf Moisés, Jesús y una señor muy anciano. El primero aparta las aguas del estanque cuando un mal golpe hace caer allí la bola. El segundo camina sobre el agua si ello fuera preciso. El tercero envía la bola contra una valla, desde donde rebota a la rúa pública para golpear contra un coche que la devuelve al campo. Cae seguidamente en el búnker y una rana se la mete en la boca. El batracio es atrapado por un águila que lo transporta por el aire entre las garras, y al sobrevolar el green, la rana abre la boca y la pelota cae dentro del hoyo.

'¿No vuelvo a jugar con tu Padre!', dice Moisés a Jesús».

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