
Su muerte, «tan joven», cogió por sorpresa a toda la familia, que, además de intentar asumir el duro golpe, se topó con otro problema: el de la repatriación del cuerpo.
Quieren que Adriana descanse en su tierra natal, donde la espera otra hija, de 18 años. Sin embargo, la familia no tiene dinero suficiente para costear lo que supone el traslado de la joven a Rumanía. En total, 5.500 euros, que se van, entre otras cosas, en papeleos, avión y en embalsamar el cadáver, «y eso con la oferta más barata», apuntó la cuñada de la fallecida, Liliana Ion.
Lo primero que hizo la familia fue vender un viejo coche, por el que recibieron 1.000 euros. No es mucho, pero «nos sirvió para contratar a la funeraria, que hoy recogerá el cadáver en el hospital porque no puede estar allí más tiempo, y lo atenderá».
Los 1.000 euros también les valen para ganar tiempo. «Ahora tenemos una semana para recaudar los más de 4.000 que faltan para cerrar la repatriación», dijo.
Campaña
La familia se ha puesto en movimiento. Por cada esquina que pasan -sobre todo en las estaciones de tren y autobús y en las cercanías al Hospital Universitario Central- han pegado carteles solicitando ayuda económica.
Hasta ahora han recibido diversos donativos, «pero nos faltan muchos más». Como toda ayuda es poca, se han dirigido a la comunidad rumana asentada en la ciudad para pedirles su solidaridad. «Sé que no todo el mundo tiene dinero, pero si cada rumano da 1 euro... vamos sumando».
Liliana está esperanzada, aunque lamenta la escasa colaboración oficial que han recibido. «Las embajadas no hacen nada y nosotros no nos esperábamos que ella muriese. Aquí, mientras su marido salía a buscar el trabajo, se quedaba cuidando a su hijos. Y ahora están solos».





