Se acaba de ver con el nombramiento de Carme Chacón como ministra de Defensa. ¿Qué algarada, Dios mío! Los más finos de estos incrédulos la han llamado Carmen, la del bombo, alusión a su estado de embarazada. Hay sectores de la población española que se distinguen por igual a través del espejo retrovisor de sus conceptos, que manteniendo un humor digno de los hermanos Calatrava. Aunque se ufanen de ser epígonos de Chesterton o de Aristófanes. Lo que natura no da, Salamanca no lo enseña.
En honor a la verdad, al menos aquí podemos decir que no hemos votado masivamente en las últimas elecciones a un presidente que considera un asunto rosa una mayoría ministerial femenina. Berlusconi dixit. Lo que natura no da, tampoco se hereda del latín, de Dante ni de Petrarca.
Pero, poniéndose más serios, uno no deja de ver la relación entre esa caspa machista y sucesos que nos conmueven con una frecuencia insólita. Sin ir más lejos de nuestro perímetro de Langreo, podemos enumerar hechos tremendos en las últimas fechas que deberían moderar el lenguaje de los ingeniosos de turno.
Aún permanece bajo instrucción el asesinato de Patricia Fernández, con el presunto asesino tras las rejas, eso sí. Y sin solución de continuidad, el municipio langreano se ha visto sobresaltado por dos intentos de atropello a chicas jóvenes, las cuales finalmente han abogado a favor de los supuestos victimarios, en episodios confusos que no se avienen con las primeras versiones de los mismos. El miedo suele guardar la viña.
Rodríguez Zapatero ha explicado que la proporción de mujeres del nuevo Gobierno es, además del reconocimiento personal y profesional a cada una de las elegidas, un mensaje a la sociedad.
No es rosa, es el abanico cromático de la igualdad.





