Y esa es sólo una anécdota entre las miles que impresionan a quienes gustan de la música clásica, a quienes quieren hacer de ella una profesión y a quienes necesitan curtirse en los escenarios para conseguirlo.
Por eso ayer el director español destacaba especialmente la valía de este tipo de iniciativas, como la Joven Orquesta de Cámara de la Escuela Internacional de Música, para conseguir una mejor formación de los jóvenes y, al mismo tiempo, crear nuevos públicos. No sólo eso, también, a través de programas compuestos por música contemporánea, es posible acercar esas creaciones más desconocidas al público. «Yo no sé cuántos ciclos de música contemporánea han empezado, pero ninguno ha seguido», decía a modo de crítica lanzada hacia España, un país sin la tradición musical centroeuropea, donde este tipo de apuestas deben ser más a largo plazo.





