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AL AIRE
Catarsis
17.04.08 -

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EL casi omnipresente Casacites suele hallarse agazapado detrás del matu en las tertulias, a la espera de que algún interlocutor aborde un asunto que lo permita dar un zarpazo con su memoria privilegiada. Así sucedió recientemente, en ocasión de que el playu Nolo Vasllenar abordara un tema de politiqueo con su habitual verbo marinero y pescador:

-Cada vez estoy más convencidu de que Gabino de Lorenzo ye talmente como un centollu aguarón, de esos que tienen buena pinta pero que en cuanto los abres no tienen ni una gota de chicha. Lo suyo ye mayormente la apariencia en forma de ocurrencies localistes, que lo mismo sirven pa dejar la capital con un agradable aspecto, que pa argumentar babayades como les del cercu a Oviedo o reclamar no sé cuántos privilegios por la mera capitalidad. Claro que en esti segundu aspecto recuérdame a los calamares cuando lancen chorros de tinta pa huir de los problemas, en su casu sobre todo de la falta de perres por mucho que'l hombre ejerza también como criador de perros. Se confirma una vez más que'l alcalde carbayón representa a los que viven siempre encerraos en el estrechu caladeru del Oviedín del alma. Qué diferencia con los playos, que somos mundiales y quédanos pequeñu el Cantábrico.

Fue entonces cuando el apodado Casacites se infiltró por la vía de agua abierta por Nolo:

-Con todo el respeto que me merece, recomendaría a Gabino que pusiera en práctica una catarsis similar a la que yo uso, consistente en hacer propia esta reflexión autocrítica de Montaigne:

«Paréceme difícil que nadie se estime menos que yo, puesto que no hay quien me estime menos que yo me estimo. Me considero como todos, salvo en que me lo considero; me veo culpable de los defectos más populares y bajos, pero sin elogiarlos ni excusarlos; y sólo me precio de que conozco lo poco que valgo. No hay sustancia de vanagloria que comparezca ante el tribunal de mi juicio. La vanagloria podrá haberme bañado, pero no teñido, porque, en verdad, en cuanto a los efectos del espíritu, nunca ha salido de mi cosa que me contentase. La aprobación ajena no me lisonjea».

-¿Yes únicu!- exclamó la vidente evidente Morgana la Fata.

-¿Home, no!- respondió el aludido como sin darse importancia.

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