A las siete de la mañana, la Policía recibió una llamada que alertaba del humo que salía del establecimiento. Una vez apagadas las llamas, que no produjeron grandes daños en las viviendas y locales colindantes, el boticario constató la falta de los opiáceos y del dinero.
Los agentes hallaron un móvil en el local: no pertenecía ni al dueño ni a ninguno de los trabajadores. Mientras investigaban sobre su titularidad, localizaron a un hombre en una actitud extraña intentando acceder a la farmacia. Fue detenido y, al facilitar sus datos en comisaría, se le 'deslizó' el número de un teléfono. Era el que se había dejado en la farmacia. Él alegó que se lo habían robado. Era demasiada casualidad. Le constaban cinco detenciones.





