PINTORA

-¿De dónde viene lo de 'Tejerina'?
-Es en homenaje al lugar donde nací, en León, un lugar que siempre está muy presente en mi obra.
-¿Qué puede verse en las nueve piezas que tiene en La Lila?
-Son obras con técnica mixta, colorista y donde hago transferencias fotográficas. Es difícil explicarlo con palabras.
-Mejor ir a verlas.
-Ya te digo. Pero es algo así como el peso de los objetos en nuestra vida estructurado en dos niveles.
-Uno real y otro más abstracto.
-Si, la parte más realista reproduce objetos que asocio a momentos felices de mi infancia. Son 'flashes' del inconsciente como calderos, platos de duralex o sillas que he reproducido a través de fotografías para luego realizar transferencias sobre el color, que es esa parte más abstracta y que hace de fondo de la obra.
-¿Qué fue antes, el color o el objeto en estas obras?
-Siempre los colores, más cálidos o más fríos. El color es lo que me evoca sensaciones. Siempre pienso en los colores antes de iniciar una obra.
-¿Cómo se lleva eso de que en cada obra exista una parte de usted que luego puede ver el espectador?
-La pintura es la necesidad de expresar lo que tenemos dentro, de comunicarnos. Y no se crea, no es nada fácil salvar esa distancia y decidirse, primero a plasmar lo que tienes dentro y, luego, a enseñarlo a los demás.
-¿En qué momento decidió empezar a pintar?
-Siempre he tenido esa necesidad latente, pero escogí como profesión ser entrenadora de gimnasia rítmica y tardé en dejarla salir. El 'Taller 3' de Beatriz Gutiérrez me permitió aprender a ir buscando y puliendo mi estilo y a dar ese paso para enseñar o que hago. Al final pintas para lograr esa comunicación. Pero el el camino para llegar a este punto es muy largo y muy complejo.





