
DATOS
-¿Cuál es la característica clave del plan urbanístico de Oviedo?
-En primer lugar, la previsión del PGOU de 1999 fue construir 60.000 viviendas en 20 años. Al tiempo, se preveía fomentar el atractivo residencial para captar demanda, algo que se sigue haciendo con ese remarcar la capitalidad. Pero hay que decir que el urbanismo, como función pública para el bienestar de los ciudadanos, brilla en Oviedo por su ausencia.
-¿Y cuál es el principal efecto de este tipo de urbanismo?
-Un crecimiento absolutamente desbordante. Oviedo revienta por todas las costuras e incluso ha demostrado su capacidad para crecer fuera de su término municipal, hacia Siero y Llanera.
-Crece, pero hay 20.000 viviendas vacías.
-Porque parte de la compra se hizo por inversión. A pesar de eso, Oviedo ha mostrado una capacidad de absorción muy alta de población de las áreas rurales y las cuencas mineras, en particular la del Caudal. Por eso, esa construcción desmesurada en Oviedo repercute en toda Asturias.
-¿Qué efectos puede tener este crecimiento en el resto de la región?
-La tendencia a emigrar de las zonas rurales tiene consecuencias en la organización del territorio regional, donde prima un desequilibrio demográfico que hay que hacer frente y que tendrá consecuencias irreparables. No sirve, como decía De Lorenzo, colocar a Oviedo como modelo de desarrollo asturiano. El modelo ovetense es el de absorber la población, y si se exporta, se contradice. ¿O qué quiere, traer subsaharianos para repoblar Salas?
-El efecto más visible de este urbanismo está en la periferia.
-Y en el casco antiguo. La ciudad histórica está siendo desplazada, utilizada como espacio de negocios inmobiliarios o turísticos más que como lugar a proteger, con edificios que se derriban o se vacían. En la periferia, lo que está ocurriendo es una explosión urbanística que la ciudad no puede digerir ni organizar de una manera armónica. De ahí los problemas de articulación entre barrios y el centro.
-¿Qué problemas de articulación?
-El mayor problema que tienen barrios como La Florida o La Corredoria es no tener un enlace directo a la red de autopistas si no es a través del centro. Pero tienen, además, problemas de infraestructuras graves como el abastecimiento de agua o la evacuación de aguas residuales, porque la estación de Villapérez está al borde de la saturación.
-¿Será el abastecimiento de recursos hídricos un problema?
-No veo riesgo siempre que se realicen una serie de infraestructuras. Los problemas de agua de Asturias son consecuencia del crecimiento industrial y terciario y la segunda residencia, pero fuera de Oviedo.
-¿Qué prevé para el futuro del patrimonio industrial?
-El PGOU afirma que se hará «lo que proceda» en función de su uso, como en el caso de la fábrica de armas. Viendo la tónica general, parece que esos espacios serán utilizados para la construcción de viviendas. Sin embargo, las cifras de la construcción han caído: 2.900 viviendas al año sigue siendo gigantesco, pero este descenso puede fomentar una reflexión para evitar que estos espacios sean devorados por el hormigón. Lo mismo ocurrió con Cinturón Verde, donde esperábamos, al menos, un carril bici, y no lo hubo. Y los mismo puede ocurrir con el hospital de El Cristo.
-¿Existe un límite geográfico para el crecimiento en Oviedo?
-No, realmente. En función de lo que se refleja en los planes aún existe suficiente espacio para absorber la construcción de vivienda. La mayor parte del suelo de contacto es la zona del Naranco hasta San Claudio y, en la zona opuesta, el que limita con la autovía. Aunque las revisiones prevén, sobre todo, ampliar las áreas de La Manjoya, donde están previstas unas 3.000 viviendas.





