
Niño gordo, niño enfermo
Esta pediatra instó a los padres a huir de la imagen del «bebé gordito». Un bebé entrado en carnes «no es un niño sano, es un niño enfermo», alertó. Este es el primer estudio asturiano que permite conocer con precisión la prevalencia del sobrepeso y obesidad en la población infantil y adolescente de la región. Según este trabajo, en el que participaron pediatras de todas las áreas sanitarias, «uno de cada cuatro adolescentes» tiene problemas de gordura. El mayor porcentaje de patología, tanto de sobrepeso como de obesidad, se da a partir de los 13 y 14 años, con una incidencia del 24%. No obstante, «no hay que desdeñar el resto de datos», dijo, que hablan de sobrepeso casi en el 20% de niños de tres años o del 22% de los que tienen 10 años.
Las razones de este fenómeno hay que buscarlas, según Florentico Casal, en «los nuevos hábitos de vida y en las nuevas formas de comer». Este especialista se refirió a la 'cocacolonización', nombre que se emplea para hablar de la comida rápida, la bollería y la vida sedentaria.
Casal indicó que en Asturias un 8% de los niños «acuden al colegio sin desayunar». Apenas un 15% de los pequeños va al colegio caminando «y la actividad física es cada vez menor». Todo ello hace que «tengamos cada vez más niños gordos».
¿Qué hacer? En primer lugar, «hay que empezar a ver la obesidad como una enfermedad», insistió Begoña Domínguez. Como prueba de sus palabras apuntó que un niño gordo será en el futuro «un adulto probablemente obeso». Pero no es todo. La irrupción de la gordura infantil ha hecho que la diabetes se convierta en una enfermedad cada vez más habitual entre los pequeños, «algo casi impensable hasta ahora», apostilló Casal. Asimismo, la obesidad provoca a largo plazo colesterol, hipertensión, problemas de corazón, trombosis e, incluso, cáncer. Para prevenir este agresivo cóctel «basta con llevar una dieta equilibrada y hacer ejercicio».
Los expertos se atreven a más y aconsejan «no cenar delante del televisor, así veremos qué estamos ingiriendo; comer en familia y enseñar a los adolescentes a masticar en vez de engullir».





