
El principal problema al que se enfrentan los ganaderos afectados es la ausencia de restos, lo que hace imposible la denuncia a la Consejería de Medio Rural, tal y como afirma el representante de Megadall, Jesús García, quien afirma que los profesionales del campo se encuentran «indefensos» ante tal situación, sin contar con las pérdidas económicas que acarrean estas desapariciones sin pruebas.
La explicación de la ausencia de restos mortales de estos animales, a diferencia de las ovejas que sí suelen dejar pruebas del ataque de lobo, es que «tienen unos huesos muy tiernos, ya que tanto los potros como el ternero tienen muy poco tiempo de vida», manifiesta García. A pesar de ello, los ganaderos afectados recorrieron gran parte del monte Llosorio para tratar de encontrar alguna muestra del ataque, aunque sin fortuna. Tras estos sucesos, desde Megadall se quiere instar a la Consejería de Medio Rural para que corrija esta situación. «Los ganaderos han avistado hace muy poco a una pareja de lobos y ya lo hemos denunciado, queremos que se los lleven de aquí para que no se repita la situación del año pasado». García se estaba refiriendo al frío balance de los ataques realizados durante 2007, donde se perdieron alrededor de 150 animales.
Los ganaderos de la zona de Llosorio, así como de otras zonas de la cuenca del Caudal, llevan sufriendo varios ataques de lobos desde hace sólo unos meses. El último se produjo hace sólo quince días cuando los lobos mataron cuatro ovejas en la zona que fueron reconocidos por la Consejería de Medio Rural.





