Es la correspondencia de amor que «mientras yo viva no se dará a conocer», advirtió la autora mexicana, que llegó a Oviedo con la mochila cargada de buenas noticias. A ésta sumó que en breve añadirá también «algunos objetos personales y más fotografías singulares».
Hacía estos anuncios Barbara Jacobs ante la atenta mirada del todavía rector Juan Vázquez y de la directora del Área de Actividades Culturales de la Universidad, Marta Cureses, artífice en parte de la decisión que convirtió a Oviedo en objeto del extenso y «trascendental legado». Una decisión que, como explicó ayer, «refleja en gran medida la calidad del afecto a la Asturias que cautivó a mi marido». Un afecto, añadió la autora, «agrandado con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras», pero un afecto, en suma, que venía de más lejos.
Explicó la viuda del escritor mexicano de residencia, guatemalteco de corazón y hondureño de nacimiento que la llegada de ese galardón a su vida, se tradujo en la renovación de su admiración y «sensibilidad hacia la cultura ovetense, ya registrada en su afición de siempre a Leopoldo Alas 'Clarín', y muy en especialmente hacia la universidad de este autor, es decir, la Universidad de Oviedo».
Cabe recordar que Monterroso confesó en alguna ocasión que su ensayo 'La vaca' no era otra cosa que un homenaje a Clarín, de cuyo cuento '¿Adiós cordera!' había sacado la inspiración. De hecho, en la exposición abierta ayer al público con una selección del fondo Monterroso, en el claustro alto del edificio histórico de la Universidad, donde permanecerá sólo hasta el lunes, se hace un especial guiño a este hecho.
Gozo privado y público
Explicó también Barbara Jacobs con voz dulce y algo cansada que tras el desprendimiento personal del acervo de Monterroso hay una responsabilidad para con el mundo. Así definió su generosidad: «Una herencia como la que me hizo Augusto no equivale a que yo la preserve para mi gozo individual, sino a la responsabilidad de que sepa utilizarla para su mejor resguardo y su más profesional acceso para los demás».
Ese es el auténtico motivo de la donación del gran legado compuesto por la biblioteca del autor (14.000 libros, muchos de ellos con anotaciones personales, otros dedicados por sus autores), su archivo documental personal, el archivo fotográfico, el hemerográfico, todos los premios y condecoraciones recibidas a lo largo de su vida, «otorgados por gobiernos de distintos países, por fundaciones públicas y privadas», como recordaba Marta Cureses.
La directora del Área de Actividades Culturales hizo durante el acto institucional de aceptación y donación del fondo Monterroso, un exhaustivo recorrido por sus hitos. Así relató que entre el material recibido hay también «dibujos, maquetas de libros, diversos cuadros, propiedad de Jacobs, una biografía directa e indirecta, a través de lo mucho que se escribió sobre él, y, además, un copioso archivo de documentación miscelánea que incluye grabaciones videográficas originales y grabaciones sonoras en su propia voz». Precisamente, mientras ella hablaba, mientras lo hacían también la viuda y finalmente el rector en funciones -quien fue breve «en atención a la memoria de quien fue maestro de la brevedad»-, pasaban en una pantalla las imágenes de uno de esos documentos. Planos de los últimos años de Monterroso en los que contaba a la cámara cómo con su obra siempre había «querido llamar a la rebelión» y cómo en su larga existencia «nunca había dejado de ser niño, porque sólo siendo niño no pierdes la capacidad de asombrarte».
Contaba también el autor de 'La palabra mágica' que su infancia estuvo envuelta en poesía, música y arte y al poco se le escuchaba relatando el día «lluvioso» que se escapó de la cárcel para pedir asilo político en la embajada de México.
No fue Monterroso el único que puso la mirada en el pasado. También Juan Vázquez recordó, ahora que se despide del rectorado recibiendo esta herencia, cómo había conocido al autor cuando vino a recoger el Príncipe de Asturias en 2000, «estando entonces viviendo el comienzo de mi mandato».
Otras cesiones
Antes de despedirse Barbara Jacobs señaló que está trabajando en otra nueva donación, ahora para un organismo de México, «el muy querido México de Monterroso, país que lo acogió y apreció siempre con un espíritu incondicional». Dicho ésto hizo un recorrido por las instituciones entre las que ha repartido el acervo del escritor, dejando claro que ninguno de los legados es comparable al asturiano. La Universidad de Princeton, el Museo del Estanquillo de México; la Agencia Literaria International de Barcelona, y el Archivo de Inmigrantes Notables Mexicano comparten ahora suerte con la Universidad de Oviedo, que pone con esta recepción broche de oro a los actos del 400 aniversario.






