Aunque el relevo de la llama olímpica tuvo lugar en los tres kilómetros de bulevar que separan el Palacio Presidencial de la emblemática Puerta de la India, en la céntrica parte colonial de esta megalópolis de 13 millones de habitantes, 16.000 policías tomaron toda la ciudad para asegurarse de que nada, ni nadie, deslucía esta simbólica ceremonia.





