El mayor cambio producido en los últimos meses en la política del Gobierno es la rectificación de su estrategia antiterrorista, volcada en la negociación y los contactos con la banda aún después del atentado de la Terminal de Barajas, para volver a los postulados del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Ni Zapatero ni ningún ministro han reconocido explícitamente que el Gobierno ha rectificado, pero el cambio está a la vista de todos.
Para avanzar por la senda correcta hace falta mucho tacto por parte del Gobierno y del principal partido de la oposición. Lo primero es evitar cualquier discrepancia sobre las medidas que se tomen acerca de ETA. Incluso si se diera el doloroso supuesto de un atentado con víctimas mortales, los portavoces del PSOE y del PP tienen que hablar con una misma voz. Pero no se agota la estrategia antiterrorista en la unidad del PSOE y del PP y en la eficaz labor de la Policía. En el seno del propio País Vasco hay que dar pasos para aislar políticamente a ETA. El objetivo tiene que ser el PNV, de modo que se difumine la posibilidad de un frente nacionalista que daría oxígeno a la banda terrorista. Las mociones de censura contra alcaldes de ANV es el primer paso de un proceso que tiene aún mucho camino por recorrer hasta llevar al nacionalismo moderado a las tesis que defendía hasta el asesinato de Miguel Ángel Blanco y la formación de la Mesa de Estella. Un camino largo que llevará probablemente a algún tipo de enfrentamiento con el lendakari. Una estrategia que precisa obligadamente de la convergencia entre Patxi López y María San Gil.





