
Tanto es así que el PP llevará a Pleno una moción en la que, entre otros puntos, pedirá la dimisión de la consejera de Cultura, Encarnación Rodríguez Cañas, y del director general de Patrimonio, Adolfo Rodríguez Asensio. Ellos son las cabezas visibles, pero los populares también pedirán en esa moción «que se depuren las responsabilidades políticas y que dimitan los autores intelectuales» que hayan tenido relación con «la mal llamada restauración» del templo cangués.
No obstante, éste sería el tercer punto de esa moción. El primero pasa porque «se proceda de inmediato a restablecer el templo al estado en el que se hallaba con anterioridad al comienzo de las obras». Y, el segundo, «se ejerciten acciones legales para reponer al erario público el importe invertido en las obras de restauración efectuadas». Es decir, que se devuelva a las arcas la cantidad invertida en unas obras que, a su juicio, no responden a una «auténtica rehabilitación».
La historia se remonta a mediados de noviembre de 2006. Según resume el Partido Popular, fue en esa fecha cuando se iniciaron las obras. Lo hicieron «con la retirada de las tejas de la capilla mayor de la iglesia». Por entonces, la Asociación Cultural de Abamia «ya dio su primer aviso por la lentitud de los trabajos». Y fue precisamente esa lentitud la que hizo que se tuviera que cubrir «con plásticos» el techo. La primera consecuencia de aquello, denuncian, «fue que las pinturas del interior de la iglesia se mojasen y deteriorasen».
Pero los «impropósitos» continuaron. «Sin terminar la reforma de la techumbre se inició el revoco de los muros de la capilla mayor». Lo hizo, recuerdan en el PP, «sin limpiar la suciedad de los mismos». Este hecho dio, de nuevo, lugar a una protesta de los vecinos. Ana Rosa Migoya, por entonces consejera de Cultura, intervino esta vez y reconoció que las obras deberían reconducirse y, con ellas, eliminar los trabajos mal ejecutados. Sin embargo no se hizo de un modo totalmente acorde a lo que demandaban los vecinos. ¿El resultado? «El que desgraciadamente podemos ver», dicen. «Muros de distintas tonalidades por la acción de sales y microorganismos; los contrafuertes cargados con sillares -con la respectiva desaparición de la piedra-; la cubierta con tejas a las que se les aplicó una capa de cemento coloreada de rojo y, en definitiva, el efecto de reconvertir el santuario en poco menos que un chalet amarillento».
Y así continúan los populares describiendo «la desafortunada restauración». Piden además al Ayuntamiento que mande respetar la historia de las tumbas del rey Pelayo y su esposa Gaudiosa y que el de Abamia tenga el mismo tratamiento que otros templos asturianos de la misma época.





