
«Están encargadas, se están fabricando y cuando lleguen, en cuestión de días, podremos abrir el paso», adelantó el edil. Mientras los operarios dan los últimos retoques al pasadizo que, bajo el número 23 de Campomanes, conduce al que es el parque menos utilizado de la ciudad. El paso cruza bajo el edificio hasta dos escaleras, muy empinadas, que salvan la diferencia de cota entre la calle y la colina en la que se asientan los jardines y, detrás, el Seminario Metropolitano. Para las piernas menos ágiles, hay un ascensor y una pasarela, más económico de mantener que unas escaleras mecánicas.
El proyecto del nuevo acceso estuvo marcado por la polémica. El Ayuntamiento adquirió los jardines de La Rodriga y otros espacios libres contiguos (hasta 20.000 metros), mediante un convenio con la Iglesia en 2003. Estableció dos entradas: desde las escaleras del Seminario y desde Leopoldo Alas.
Con el pretexto de que eran inadecuadas, autorizó el derribo de los números 23 y 25 de Campomanes tras eliminar su protección y aumentó la edificabilidad de la parcela en 810 metros (con un valor de venta de 4,6 millones de euros) a cambio del pasadizo.





