
Los agentes dieron la alarma, acordonaron la zona y pidieron a los vecinos que abrieran las puertas y ventanas de sus viviendas para evitar daños por la onda expansiva. Algunos ciudadanos salieron a la calle en medio de la lluvia.
Un comunicante anónimo, que dijo hablar en nombre de ETA, llamó a las cinco y media de la mañana a la Asociación de Ayuda en Carretera (DYA) para anunciar que la bomba iba a estallar media hora más tarde. La llamada fue efectuada desde una cabina situada en el barrio de Ollerías, frente a La Peña, y el comunicante distorsionó su voz para evitar su identificación. Fuentes de la lucha antiterrorista consideran que la persona que reivindicó el atentado podría pertenecer al comando que colocó la bomba.
Tal y como amenazó el miembro de ETA, a las seis de la mañana se produjo la explosión, que destrozó la puerta y el interior de la sede socialista. El estallido hirió levemente a siete ertzainas: tres sufrieron afecciones en los oídos como consecuencia de la onda expansiva, otros tres presentaban diversos cortes por cristales y el séptimo resultó contusionado al caer por una escalera mientras desalojaba a un vecino.
Varias viviendas sufrieron rotura de cristales, puertas, ventanas y persianas como consecuencia de la explosión, que dañó también una docena de vehículos particulares.
Resignación y denuncia
El medio centenar de vecinos desalojados se tuvieron que refugiar del frío y la lluvia en portales de las inmediaciones y en una cercana estación del tren, en pijama y cubiertos de mantas, y no pudieron regresar a sus viviendas hasta pasadas cuatro horas del atentado.
Con la resignación en el rostro, una vecina afectada preguntaba en voz alta «¿qué ganan los terroristas con esto?», y recordaba que en el mismo barrio ETA colocó el 9 de octubre en los bajos del vehículo de un escolta una bomba-lapa, que causó heridas leves al ocupante. Otra mujer, a su lado, denunció que el atentado «ha ido contra todos nosotros, todos somos objetivos», y exigió a ETA «dejarnos en paz».
«Riesgo alto»
El consejero vasco de Interior, Javier Balza, señaló que la colocada ayer es «una bomba en toda regla, en el estilo de los atentados de los últimos tiempos dirigidos contra el PSOE». Destacó que «la locura» de las acciones terroristas las padece «el conjunto del pueblo vasco» y lamentó que la explosión de esta madrugada obligara a desalojar de madrugada a ancianos, niños y personas «que estaban tranquilamente en sus casas, durmiendo».
Balza se felicitó por el éxito del «dispositivo especial» diseñado por su departamento y que permitió detectar la bomba «antes incluso de que fuera anunciada su colocación».
El consejero de Interior advirtió de que el riesgo de sufrir nuevos atentados «es alto» hasta que no se detenga al comando encargado de cometer los atentados perpetrados en Vizcaya desde la ruptura del alto el fuego.








