La 'getafina' empezó con unas declaraciones del Rey, inoportunas donde las haya, y los chicos de Telecinco, quizá por lo monárquicos que son, siguieron a pies juntillas la consigna: el Getafe tiene que ganar. Cuando después de diez minutos ganaba el Valencia 2-0, Santos y compañía sólo tenían palabras de elogio para el equipo que iba perdiendo, no para el que iba ganando. Cada falta que el Valencia hacía era magnificada por el locutor hasta el límite del homicidio, e inversamente, las innumerables faltas del Getafe, bastante más duras, eran silenciadas como si no hubieran existido. Cuando el Valencia hizo un penalti, a Santos le faltaron aumentativos para subrayar, no menos de diez veces, lo 'durísima' que había sido la entrada; el delirio llegó al extremo de que Santos proclamó héroe del partido al pelirrojo juez de línea que señaló la pena máxima.
Inversamente, cuando a Villa le hicieron un penalti que el árbitro dejó sin pitar, Santos se apresuró a negar su existencia hasta que uno de sus 'asesores', con voz cohibida, osó calificarlo como tal. Pero lo más gordo llegó al final, ya con el 3-1 en el marcador, cuando Celestini se lanzó contra Silva, cuyas piernas habían sido pateadas sin piedad por el Getafe desde el minuto uno. En tal trance, la reacción de Santos fue antológica: 'claro, Silva ha hecho ahí dos regates', decía Santos, como si la víctima hubiera ido provocando; 'con tarjeta amarilla igual habría estado bien', añadía el locutor. A ningún espectador le habría extrañado ver a J.J. descender al césped y abalanzarse contra Silva para terminar el trabajo que Celestini empezó. Que no se extrañe J.J. Santos si en Valencia, el próximo marzo, le ponen una falla.





