Pero aquel viaje a Asturias no fue el definitivo. Después de un año sin encontrar trabajo estable en Oviedo, esta asturiana decidió asentarse en Miami, donde conoció a su actual marido, Pedro Criado. Allí nació el menor de sus hijos y vivió durante cuatro años antes de apostar de nuevo por una vida en Asturias.
Y ahora todo sería perfecto si no fuera porque, en el camino, su ex marido le negó la posibilidad de traerse a su hijo mayor, Enrique José Edo, pese a que es ella quien tiene la guarda y custodia del menor, según la sentencia de divorcio obtenida en 1999.
El dolor de Antonia por no poder ver crecer a su hijo y la impotencia de no poder luchar pese a tener la ley de su parte se une, en este caso, a un sentimiento de preocupación constante por la escasa seguridad que le otorga el país en el que vive el menor. Y también, no lo oculta, por la vida «poco ordenada» que asegura que lleva el padre. «Si no fuera porque, además de con su padre, vive con sus abuelos, yo no podría dormir por las noches», afirma. «El día que le pase algo a estos señores -emigrantes valencianos y canarios- juro que me lo tengo que traer conmigo como sea. Yo con su padre no lo dejo», afirma.





