
Según ha podido saber EL COMERCIO, el número de vasos y piscinas del complejo termal ha estado sujeto a vaivenes. En concreto, una piscina de olas que se incluía en la oferta seleccionada por El Musel fue suprimida por decisión de los promotores y ahora, en cambio, parece que puede volver a instalarse. Al menos, el aparato que produce el efecto de ondulación del agua va a tener cabida en la zona lúdica central donde también están dos grandes toboganes. Otra piscina que ha dado quebraderos de cabeza a la unión temporal de empresas es una lámina de agua que debe, en teoría, permitir a los usuarios entrar a nado al edificio termal desde su zona exterior.
Pero donde más reajustes se han producido en estos dos años y medio de obras es en la distribución interior del complejo, sobre todo a medida que se ha ido metiendo instalaciones como los sistemas de aire acondicionado y climatización de las piscinas.
Por su parte, el arquitecto Salvador González, autor del proyecto de Talasoponiente y apartado de la dirección técnica desde el pasado mes de junio, aseguró que los numerosos problemas que está teniendo la obra están «encadenados» a los «motivos personales» que llevaron a su estudio, Naos, a «dejar por primera vez un proyecto en ejecución». Dice que «es falso que nos echaran por trabajar desde Galicia» y que ellos no son «causantes ni de medio mes de retraso» de los 15 que acumula la obra: «Las decisiones las toman los promotores que son quienes marcan los ritmos de las contrataciones y de la construcción».
El equipo de Naos fue sustituido por la joven arquitecta gijonesa Begoña Viejo. El balneario ya recibe el suministro de agua de la EMA y la próxima semana tendrá asimismo servicio de gas.





