
El Pontífice se reunió el pasado jueves en Washington con un grupo de hombres y mujeres víctimas de abusos sexuales cometidos por curas católicos. La versión del Vaticano fue que Joseph Ratzinger escuchó los casos de cada víctima y después les ofreció «palabras de coraje y esperanza».
El Papa escuchó palabras duras. «Es puro maquillaje, lo que hay que mirar son las acciones», protestaba Jim Hackett en reacción a la forma en que Benedicto XVI ha enfrentado el escándalo de los abusos sexuales.
Para este programador informático que ayer participó en una vigilia a la puerta de una galería del Soho neoyorquino en demanda de acciones más enérgicas, el líder de la iglesia católica sólo ha respondido a las presiones. «Le dije que tiene un cáncer en su iglesia y que tiene que hacer algo para atajarlo», contó a la CNN Bernie McDaid. «Espero que me esté escuchando, le dije, y él asintió con la cabeza». Dice tener evidencias de que los abusos sexuales se siguen produciendo y que al menos 13 archidiócesis, entre ellas la de Boston, no siguen las reglas de transparencia impuestas por la propia iglesia de EE UU.





