Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Más Actualidad

OPINIÓN ARTICULOS
La decisión del obispo Lugo
19.04.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
PARA la mayoría de lectores tal vez decir Paraguay sea decir Stroessner. El general de ese nombre, aunque muerto en un cómodo exilio en Brasil hace ya casi dos años, fue el emblema y la cara del pobre país sudamericano, uno de los que más ha tardado en tomar el tren de la democracia que, mal que bien, ha ido conquistando América Latina.

Mañana se celebran en Paraguay elecciones presidenciales y puede ganarlas Fernando Lugo, un recién llegado a la política, antiguo obispo de San Pedro y líder de una coalición de izquierdas que encabeza los sondeos. El Partido Colorado, el de Strossner, está segundo, no muy lejos. Y el general populista Lino Oviedo es tercero, muy cerca.

El 'caso Lugo' ha añadido a la labor del interesado el interés suplementario de ver a un prelado metido en política contra la expresa prohibición de la Santa Sede, que, sin embargo, ha manejado su caso con una prudente mezcla de rigor formal y cerrando un ojo ante la voluntad sincera de un hombre respetado al que parecía difícil descalificar moralmente y poco útil esterilizar políticamente.

Lugo ha superado todas las zancadillas que se le han puesto, desde la pretendida imposibilidad legal de que un eclesiástico se postulara presidente a la campaña feroz acerca de su supuesto radicalismo revolucionario, que él niega, aunque propone un programa de justicia social requerido por sus bases y que pasa por dos ejes básicos: lucha contra la corrupción endémica y acceso a la propiedad rural con la recuperación de las tierras comunales.

El Partido Colorado por el que se presenta Blanca Ovelar no es exactamente el de Stroessner, que tampoco fue su fundador pero sí quien lo convirtió en la maquinaria dictatorial y administrativa que fue a su servicio. Y ha debido hacer concesiones hacia la democratización desde que el general Andrés Rodríguez depuso fácilmente a Stroessner en 1989. Pero, así y todo, su relevo pacífico sería el fin de una hegemonía que, con matices y caras diversas, ha durado sesenta y un años en la última versión 'colorada'.

Que la hazaña, si lo consigue, sea cosa de un obispo que se acerca a los sesenta años y se ha movido, que se sepa, desde el altruismo personal y como un batallador solitario y un activista de talento, sería un caso sin precedentes. Y, de paso, la prueba de que la democracia multipartidaria, incluso con todas las limitaciones de su versión paraguaya, permite cambios de calado desde la fuerza de las urnas.

| Comparte esta noticia -

¿Qué es esto?

Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS