
Aunque los primeros pasos en la incorporación del juego en el territorio del arte fueron protagonizados por movimientos de vanguardia como el dadaísmo, es con el videojuego, disciplina de tan sólo 25 años, cuando se está produciendo una expansión y su llegada masiva del aspecto más lúdico a los museos. «El 'arte-diversión' debe ser simple, divertido y sin pretensiones; interesado en las cosas insignificantes...», señalaba Baigorri.
El videojuego ya no es sólo ocio popular -actualmente esta industria sobrepasa en cifras a la música y el cine juntos- baja cultura, sino aprendizaje, herramienta de concienciación e, incluso arte, como ocurre en Homo Ludens Ludens.
Absurdo y burla
La muestra invita a la participación, en algunos casos con humor, otros desde el absurdo y la burla y hasta desde el masoquismo como ocurre en 'Painstation', una obra desarrollada por los alemanes Morawe y Reif que infringe quemaduras y descargas de corriente al jugador que falla. «Aunque parezca increíble el que la prueba repite es tremendamente adictiva», decía la comisaria. Otras obras introducen temas sociales y políticos. 'UnderSiege', de Radwan Kasmiya, pone al jugador en la piel de un palestino que lucha contra los tanques israelíes y conoce las penurias de la cárcel en Jerusalén. En un ambiente de extremado realismo la solución se consigue conociendo las resoluciones de las Naciones Unidas. La capacidad corrosiva de este tipo de arte se refleja en Faith Fighter en el que Alá, Dios, Buda...luchan en una gran pelea virtual. El carácter interactivo de todas las obras consigue según Baigorri «acercar el arte a mucha gente. Detrás de cada obra hay diferentes niveles de aproximación desde la más pura intelectualidad a la simple diversión». Homo Ludens Ludens abrió ayer sus puertas y estará abierta hasta el próximo 22 de septiembre. Durante todo este fin de semana con motivo de la inauguración es jornada de puertas abiertas.





