
-Celebramos el bicentenario de la guerra de la Independencia. ¿La Historia nos enseña o el hombre es el animal que tropieza dos veces en la misma piedra?
-Es evidente que cada generación, si no aprende de la Historia, está condenada a cometer disparates. Aunque la enseñanza de la Historia que ahora se dispensa en España deja bastante que desear.
-¿Cuál es su crítica sobre esa enseñanza?
-Su localismo. Se antepone la historia de Valencia, de Andalucía o de Asturias, a la historia de España y a la historia universal. Y no es que no sean relevantes aquellas, pero dentro de las segundas, que las engloban.
-¿Qué lecciones nos trajo la guerra de Independencia?
-La Guerra de Independencia nos obligó a darnos un chapuzón en la historia contemporánea. España vivía muy ajena a la revolución industrial, tecnológica, científica y liberal, y hubo de empezar a atender a ilustrados como Jovellanos, Flórez Estrada o Canga Argüelles. Supuso un cambio radical. Hay que pensar que se alargó desde 1808 a 1814, un periodo dilatado que permitió discutir muchas ideas. Hasta el propio Fernando VII -que por sí mismo no tenía muchas luces- hubo de reorientarse a partir de 1820 porque se lo imponía la situación. En esa última etapa, Canga Argüelles estuvo a su disposición. Es verdad que también fue una época dura, de hambre y falta de posibilidades.
-¿Cuál era la posición económica de España a principios del siglo XIX?
-Esa fue una de las equivocaciones de Napoleón, que creyó que era mejor de lo que dictaba la realidad. Éramos un país eminentemente agrícola, al que no había llegado la revolución industrial, la cual ya se desarrollaba en Inglaterra desde 1783. Vivíamos en el atraso. Y la plata americana dejó de surtirnos a partir de las batallas del cabo de San Vicente y Trafalgar.
-¿El imperio colonial terminó siendo más perjudicial que beneficioso en términos económicos?
-Los saldos fueron bastante favorables. Y el territorio era gigantesco. Sólo Argentina, solapándola sobre el mapa de España, alcanzaría de Tarifa hasta Polonia y Rusia. Y, no obstante, la distribución de la renta en Perú, por ejemplo, a finales del siglo XVIII, resultaba equivalente a la de Prusia. Claro está, el principal recurso se abastecía de la plata, que se esperaba ávidamente.
-¿La economía es la piedra angular de la historia o existen otros factores igual de influyentes?
-Influyen más las ideas -tal como sostenía Keynes, contradiciendo a Marx- que los intereses materiales. Son las ideas de los economistas y de los filósofos políticos las que terminan siendo decisivas. Por eso tuvieron ese relieve Jovellanos, Flórez Estrada o Canga Argüelles. Aunque las ideas no fructifican de golpe, tanto las acertadas como las erróneas.
-Viniendo al presente, ¿tiene un diagnóstico acerca de la desaceleración -o crisis- económica actual en España?
-No importa de qué manera la llamemos. Es una situación extraordinariamente delicada. El ciclo ya estaba agotado en 2002 y en 2007 ha tocado fondo. Es muy preocupante. No se ha hecho frente a un desarrollo industrial serio. La balanza importación/exportación presenta un desequilibrio colosal y la salida de capitales españoles es mucho mayor que el ingreso. Tenemos una necesidad de financiación grave.
-¿Ha de verse afectado el Estado de bienestar?
-Los suecos lo han cambiado, de modo que podemos aprender. Y, desde luego, ha de retrasarse la edad de jubilación. Debería configurarse una comisión ajena a los partidos que diera una información objetiva a los españoles.





