Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Cultura

TEATRO
Para la libertad
20.04.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
PUESTO que Calixto Bieito ha rebajado a Esquilo hasta convertir a Darío en un aficionado del Atlético de Madrid, digamos que los griegos escuchaban los lamentos de los persas, descritos por el dramaturgo, como si a alguien del Sporting le dijeran que los hinchas del Oviedo se desesperaban por la marcha del equipo; o viceversa, claro está.

Esquilo, que combatió en la batalla de Salamina contra los persas, describe en la tragedia el sufrimiento del enemigo derrotado. Bieito lo traslada a Afganistán, y convierte en persas a los legionarios españoles que están en aquellas tierras, en misión de paz, pues ya se sabe que a la guerra como a los trasvases de agua se les da el nombre que más convenga. Bieito, no obstante, deja claro a qué han ido allí los soldados españoles, cuando al inicio se canta 'Soy el novio de la muerte'. Alrededor de ellos, vehículos calcinados y otros restos del desastre, y, por si fuera poco, se lee la lista real de los muertos. Muertos de una guerra, con toda su muerte a cuestas, aunque las lenguas de trapo les llamen de cualquier modo, como al trasvase. Bieito ha echado mano de la estadística, contradiciendo el buenismo de Rousseau y las prédicas de los profetas, para asegurar que la guerra es eterna. Contra las divagaciones de filósofos pedestres, están las estadísticas de científicos solventes. Nunca en ocho mil años de historia hubo paz.

Bieito dirige con rigor, haciendo que los actores no sean caricaturas. Acompaña la acción con sus acostumbrados excesos, entre otros el bombardeo con decibelios, que también mata, aunque más lentamente. Hace de esos excesos un alegato contra las guerras, poniendo la realidad más cerca del espectador, y se muestra pesimista, con el lamento del Darío de hace 2500 años, que es el mismo que el de los padres de ahora que recogen los restos de sus hijos muertos. Ese rayo que no cesa, es la narración predilecta de los escribas desde que se inventó la escritura. Esquilo combatió en tres guerras, antes de narrar el llanto de los que la sufren. Era en el fondo un pacifista, como lo somos todos, por lo menos hasta el día que veamos a alguien rayarnos el coche. Los actores cantan, tocan y declaman con soltura. Quizá la actriz que interpreta a Jerjes deba ajustar su vocalización.

El público aplaudió al final, tal vez sorprendido, o desconcertado, pero no indiferente.

| Comparte esta noticia -

¿Qué es esto?

Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS