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La conquista de Marcelino
Los aficionados del Racing le paran a cada paso, tiene a Santander a sus pies y al equipo a un punto de la 'Champions'. «Sigo siendo el mismo», insiste no obstante García Toral
20.04.08 -

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La conquista de Marcelino
UNA NUEVA VIDA. El entrenador del Racing, Marcelino García Toral, posa, apoyado en una escalera, ante la playa santanderina del Camello.
«Detrás de la portería hay unos 'grilletes' por si se quiere escapar con Del Nido hacia Sevilla», comentan entre risas dos aficionados. El carisma de Marcelino García Toral ha calado en los aficionados del Racing. Profundamente. También su forma de ser. Muy hondo. Nadie pone en duda y mucho menos discute las decisiones del técnico de Careñes, el entrenador de moda del fútbol español. Y uno de los principales responsables de que el equipo cántabro se encuentre, a falta de seis jornadas, a un punto de la 'Champions'. Y hoy reciben al Madrid.

«La directiva ya no pasa por aquí porque saben que éste (Marcelino) es el que corta el bacalao», insisten las personas más asiduas a La Albericia, donde se entrena la primera plantilla del Racing de Santander. También recuerdan con una ligera ironía que «Miguel Ángel Portugal, el año pasado, se ponía ahí con la visera en la cabeza y no se movía, pero el asturiano no para de moverse y de hablar en ningún momento». Otro, mientras ojea un diario deportivo, interrumpe con un «la plantilla le quiere porque él se preocupa mucho por ellos. De hecho, el otro día estuvo hablando, al terminar el entrenamiento, más de veinte minutos con Serrano».

Pocas cosas han cambiado en Marcelino García Toral. Salvo la meteórica progresión que ha experimentado desde que, hace algo menos de tres años, saliera por las puertas de las oficinas de Mareo y pusiera rumbo hacia Huelva. En las distancias cortas, el técnico de Careñes sigue siendo el mismo. Recuerda con emoción los episodios pasados. Y vive con intensidad el presente. «En lo fundamental no he cambiado mucho, más bien poco», reconoce con una sonrisa el ex entrenador del Sporting.

Los aficionados le paran por la calle de forma constante. Le muestran su apoyo y afecto. Y le 'aconsejan' de forma cariñosa sobre su futuro. Él, con sencillez y naturalidad, trata de dar respuesta a todas las peticiones e inquietudes. «A ver lo que pasa la próxima temporada, pero ahora tenemos que pensar en la Liga porque, afortunadamente, nos estamos jugando cosas muy bonitas que no estaban previstas al principio», dice con prudencia.

Santander le gusta. Mucho. Se siente cómodo paseando por sus calles. Por sus playas. Cuando visita alguna de las joyas arquitectónicas que rodean la capital cántabra, como el Palacio de La Magdalena. O, simplemente, en una agradable comida en el restaurante La Peñuca, un establecimiento propiedad del padre de Iván de la Peña, jugador del Espanyol. «Me encuentro muy bien aquí porque, además, tengo al lado mi casa y a mi familia. Me siento muy querido y es una situación soñada y deseada por cualquiera», admite el entrenador del Racing, antes de recordar que «cuando llegamos este año a Santander, siempre nos acordábamos de lo mal que lo pasé aquí durante mi etapa como jugador, el equipo descendió a Segunda B».

Aquello se quedó en un mal recuerdo. Y los últimos cinco años en la vida de Marcelino han sido una progresión constante. De menos a más. Desde Gijón hasta Santander. Con una escala de dos años, entre medias, en Huelva. «Empecé a entrenar al Sporting con todo en contra porque nadie daba un duro por mí y casi no se me dio tiempo a que demostrara mis posibilidades, pero aquella temporada se produjo un cambio en el sportinguismo y la ilusión que se había muerto volvió a resurgir», declara con orgullo y emoción.

En Gijón vivió momentos muy intensos. Y más tarde, casi mil kilómetros dirección sur, experimentó la recompensa del ascenso que no había encontrado con el Sporting. «Lo del 'Recre' fue la leche porque quedamos campeones en Segunda y, al año siguiente, hicimos una temporada muy buena en Primera», rememora el técnico de Careñes. En esa línea, matiza con una fuerte convicción en sus palabras que «he sido una persona que ha tenido mucha suerte, muy agraciada desde que me escogieron para entrenar al Sporting».

Sus ojos se humedecen cuando recuerda los episodios más especiales de su todavía corta biografía como entrenador. No hay un momento concreto para subrayar por encima del resto, pero sí varios instantes casi mágicos. «Hay muchos recuerdos inolvidables, como nuestro debut en casa frente al Barça, los partidos de Copa contra al Athletic, el posterior recibimiento en Hoznayo y, sobre todo, la semifinal frente al Getafe porque mi nombre se coreó varias veces en un estadio y eso no se olvida», admite Marcelino.

Un año de emociones

La eliminación frente al conjunto madrileño desembocó en una noche de sentimientos enfrentados. Una extraña combinación de orgullo por lo que se hizo. Y una profunda amargura por lo que se pudo hacer. También devolvió a la mente del entrenador de Careñes viejos recuerdos. Antiguos fantasmas. Aquel resultado le trasladó a otro escenario y a otro tiempo. Cuando el Sporting, bajo su tutela, dejó escapar el ascenso en El Molinón frente al Tenerife y cayó derrotado por 1-2. Fue hace casi cinco años. «La noche del partido con el Getafe regresé a casa dando un paseo desde El Sardinero y durante todo el trayecto me venía a la mente el partido contra el Tenerife. Nunca olvidaré lo que pudo ser y, por desgracia, no fue», lamenta el técnico.

En su entorno hay pocas cosas que no le recuerden a su profesión. Tiene su residencia cerca del campo del Racing de Santander. A unos diez minutos a pie. Y el balón, los esquemas tácticos y el análisis de los próximos rivales son su día a día. De hecho, un responsable del cuerpo técnico le entrega a Rubén Uría, el segundo entrenador del equipo, algunos resúmenes de los próximos equipos que se va a encontrar el Racing. Todo casi sin tiempo para digerir la comida y las sensaciones que le ha dejado el entrenamiento matinal. «En el fútbol pienso bastantes horas, no sabría decir el número, pero muchas», aclara entre risas.

Precisamente, el rival de hoy, el Madrid, le ha obligado a realizar un esfuerzo extra. Ha tenido la agenda repleta de compromisos toda la semana. Pero él no se descentra. No quiere reducir la concentración ni un milímetro. Falta poco para asegura el objetivo de la UEFA y, en ese camino, la 'Champions' se ha puesto a tiro de piedra. «Vamos a jugar un partido extraordinario y si ganamos seguiremos soñando», adelanta Marcelino.

No se siente el abanderado de la nueva generación de entrenadores de Primera. Y prefiere no adelantar acontecimientos sobre su futuro. Pero sí tiene claro que le gustaría regresar algún día al Sporting. «Es mi deseo, pero no sé cuándo, ni tampoco de qué. Lo único que tengo claro es que me gustaría volver», confiesa.

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