
-¿Cómo sobrelleva cada jornada la emoción que supone estar peleando por el ascenso?
-De salud bien. No tengo problemas, pero los años no perdonan porque ya tengo setenta. Mi padre tiene más de noventa y espero alcanzarle por genética. Estuve un poco mal, pero ahora me he recuperado y la marcha del Sporting influye mucho. Sigo en Marbella, aunque estuve pasando unos días en Gijón hace poco.
-Tendría la oportunidad de ver el ambiente que hay en la ciudad con el Sporting. ¿Qué le parece la temporada del equipo?
-Muy buena. Como el resto de aficionados tengo mucha ilusión, pero todavía quedan nueve jornadas y tenemos que ser muy prudentes, ya que todavía no se ha conseguido el objetivo.
-Si fuera por méritos, el equipo tendría que lograr el ascenso porque lleva media liga arriba.
-Esperemos que sea así y que la ley divina se acuerde de nosotros. Si hay un equipo que merece subir este año, además de los que están arriba, es el Sporting. No lo digo yo, lo dicen las matemáticas.
-Sinceramente, ¿cree que puede ser éste el año del ascenso?
-Creo que puede ser, pero hay que luchar mucho y será duro hasta el final. Yo estoy un poco desconectado, pero me han comentado que tenemos un calendario favorable. Tenemos que amarrar en casa porque parece que este año fallamos muchos partidos en El Molinón.
-¿Se sufrirá hasta el final?
-En el fútbol siempre se sufre. Da igual que sea en lo bueno o en lo malo, aunque, obviamente, es mejor ponerse nervioso con lo primero porque el año pasado estuvimos pendientes del descenso demasiado tiempo. Este año sufrimos por cosas muy bonitas.
-Además, los resultados deportivos acompañan a los económicos.
-Pasamos por muchas penurias económicas y, por fortuna, la situación se ha reconducido. Las cosas, ahora, se hacen decentemente.
-¿Ha cambiado mucho la imagen exterior que se tenía del Sporting cuando el club estaba inmerso en el proceso concursal?
-Se ha conseguido algo muy importante. Que los futbolistas de otros clubes quieran venir al Sporting. Hace unos pocos años nadie quería jugar en Gijón porque no cobraban.
-¿Tan mal se gestionaron las cosas?
-Los soportes económicos se desperdiciaron. Nosotros lo hemos pasado muy mal y nunca está demás recordar, de vez en cuando, el pasado para no volver a cometer los mismos errores. Hoy en día no me impresionan los equipos que se hacen a golpe de talonario. En apariencia todo va bien, pero luego surge una enorme crisis. El caso del Levante es muy triste, que sus jugadores se nieguen a jugar Y no debemos alegrarnos, ni sentir indiferencia porque nosotros también lo pasamos fatal.
-El día 23 de este mes, cuando se efectúe la quinta ampliación de capital, usted controlará el 40% del capital social y se afianzará como máximo accionista. ¿Va a cambiar algo a partir de ese momento?
-Nada. Me mantengo al margen. Los abogados, Legalia, el consejo y Alvaré (Manuel Vega-Arango) son los que saben. Ahora, no me preocupa nada de eso. Lo único que quiero es terminar mi vida y que el Sporting esté en el lugar que le corresponde.
-Pero, en el futuro, ¿prevé participar en la entidad de forma más intensa?
-No. Soy un aficionado más. Se resolvieron cosas muy difíciles y el equipo estuvo a punto de desaparecer. Todo lo que venga en el futuro seguro que será bueno. Llevo once años en los que me despierto, casi todas las noches, pensando en el Sporting. Y cuando esté en Primera seguro que ya no me desvelaré tanto.
-Manuel Preciado también tiene parte de 'culpa' en ese radical giro que ha dado el Sporting.
-Lo está haciendo muy bien. Es un hombre con unos valores personales muy grandes. Ha hecho milagros con este equipo y ha aportado muchísimo a nuestra entidad.







