-Si la negociación sobre financiación económica no se contamina por ello, la publicación puede no tener trascendencia, más que la de que algunos griten. Comparto al 100% la opinión de Juan Carlos Rodríguez Ibarra de que si se publican esas balanzas, también se publiquen las energéticas, las de inmigración... Los 'todos' no se pueden entender troceando, hay que tener una visión de conjunta. Querer que se hagan públicas sólo las balanzas que te interesan, y no otras, es un vicio. Asturias, por ejemplo, es exportadora de energía, ¿y quién la consume? Es un acierto de Ibarra plantear la cuestión en esos términos.
-Ya que habla de energía, ¿qué opina de la posible unión de Iberdrola y Gas Natural?
-Esa operación tiene un origen claro. Dentro de Iberdrola está el enemigo de los intereses vascos, está ACS, y en el momento en que éste amagó con entenderse con los franceses, surgió esa medida defensiva de crear una empresa mayor y con alcances ya mundiales. Pero es una dinámica habitual del sistema. En el mundo hay tres empresas que hacen neumáticos, en realidad dos; hay dos que producen aviones, y en el aluminio hay tres empresas que lo manejan. La dinámica de fusiones es inevitable en el mundo entero en la medida en que la intervención pública ha disminuido de forma radical.
-¿Cómo afectará la aplicación de los acuerdos post-Kioto a las empresas asturianas?
-Es un problema, porque aquí producimos con industrias contaminantes y lógicamente cualquier restricción implica costes mayores, pero es un tema a absorber porque, sin exagerar, la situación es bastante complicada. Si llega a ser cierto que en 2015 no habrá hielos en el Ártico, no hay que decir más. Las empresas quizás necesiten más plazo para adaptarse, negociar periodos más largos para afrontar las inversiones que son necesarias para producir energía limpia. Yo creo en la negociación, y no se pueden imponer las cosas de hoy para mañana. Si no es para una fecha será para otra.





