
Así que unos cien scouts de la ciudad y de la capital asturiana se reunieron en Poniente con una finalidad indiscutible: «Pasarlo de maravilla». El día comenzó bien. Nada más llegar, los responsables de la iniciativa les regalaron una braga, que también se convertía en sombrero, de la que muchos no se despegaron en toda la jornada.
Después de su visita a los peces, no tardaron en encontrar más divertimentos. Los más de 20 monitores que acompañaron al grupo pusieron en marcha una gincana que, según la responsable de las actividades, Lucía Menéndez, estuvo «orientada a la educación en valores». Todos los asistentes habían cumplido los 6 años. Una buena edad para tomar contacto con «la naturaleza, la salud y el medio ambiente».





