Lugo encabeza la flamante Alianza Patriótica para el Cambio, integrada por nueve partidos políticos y más de una veintena de organizaciones sociales, campesinas, indígenas, barriales y de mujeres. El religioso fue inhabilitado por el Vaticano para ejercer su ministerio después de que aceptara involucrarse en política y enfrentarse al partido que más tiempo gobernó en Latinoamérica.
Según las encuestas, se podría imponer por simple mayoría con un porcentaje de entre el 34% y 40% de los votos. Si bien se define a sí mismo como un candidato de centro, su propuesta incluye una reforma agraria y la expropiación de tierras. Lugo se identifica con la nueva ola de gobiernos progresistas latinoamericanos, pero con ninguno en particular. «Soy una línea media entre Chávez y Lula», se definió en vísperas de los comicios aludiendo a los presidentes de Venezuela y Brasil. «Queremos hacer nuestro propio proceso», adelantó.
Pero su candidatura no es la única novedad de estos comicios.
Por primera vez en su historia, el Partido Colorado lleva como candidata a una mujer, Blanca Ovelar, ex ministra de Educación del actual presidente Nicolás Duarte Frutos. Motivada por la victoria de la chilena Michelle Bachelet y de la argentina Cristina Fernández, Ovelar quiso presentarse como «lo nuevo» a pesar de que su partido gobierna Paraguay sin alternancia desde 1947.
La ex ministra le ganó en diciembre la nominación del partido al vicepresidente Luis Castiglioni, que pasó al bando adversario. Esa disidencia le restaría votos a un partido que tiene un electorado cautivo en su plantilla de empleados públicos.





