
La VI Feria del Comercio e Industria de Ribadesella arrancó ayer. Y aunque aún no ha concluido -lo hará en la jornada de hoy- fue todo un éxito. Los pasillos estaban abarrotados de público y los comerciantes enseñaban gustosos sus productos a las más de 2.000 personas que pasaron por allí.
Un paseo por la feria, ubicada en dos carpas en la Plaza Nueva, es un paseo por un centro comercial abierto donde uno se encuentra infinidad de cosas. Los empresarios coinciden en que este tipo de iniciativas «sirven para darnos a conocer, y para mostrar productos a distintos y potenciales clientes». «No siempre los que venimos vendemos, pero es importante acercarse hasta este tipo de eventos», explica Carolina Rodrigo, de la empresa Rodrigo y Martino.
Aunque los precios varían mucho de una stand a otro ahí reside su esencia, en la variedad del producto. Uno puede comprar una piscina «de 60.000 euros» en la tienda de Carolina (en la de Ribadesella, Gijón o en la próxima que abrirán en Llanes) o un pantalón por 18 en el stand de Neysa donde María Jesús vende a precios «muy baratos» la ropa de la temporada pasada y saca al mercado la de ésta que comienza.
Chocolate
El punto dulce a la feria lo pone la chocolatería La Veguina. «Aquí lo que triunfa es el chocolate» dicen Alejandra Sierra y Silvana Mier justo al lado de un montón de cajas de las tradicionales pastas Letizias que siguen atrayendo a los turistas como un reclamo más.
Pero para atracción, el stand de cinco amigos que, sin querer, se han convertido en unos profesionales de la talla de madera. «No solemos vender nada, esto lleva mucho trabajo y es muy caro. Aquel escudo en relieve está hecho de una sola pieza de madera, si le tuviéramos que poner precio saldría a la venta por 6.000 euros como poco», explica Vicente Fornos. Él y sus amigos Javier González, Miguel Ángel Rodrigo, César Lombardero y Javier Patiño se juntan los sábados y los domingos en casa de Javier para tallar. Son auténticas obras de arte y aunque no corresponden a una empresa como tal (algunos de ellos son autodidactas) merecen un hueco en la feria.
Y de la artesana madera a las nuevas tecnologías. Javier Díaz, de la empresa Inforiente, no se llevó «ni la caja registradora» consciente de que «no venderé ni una tele ni un ordenador», pero sí crea «un aliciente» en los posibles compradores. Juan fue «el punto de la nueva Era tecnológica».
Los disfraces de sevillanas, «que no veas lo que triunfan», de Juana María Prieto -Géminis carnaval- iluminaban con los lunares el primer pasillo de la feria. Un auténtico retrato de colorido que sobresalía junto al bar montado por Corquiéu. Similar al que podría mostrarse en el espacio del fotógrafo Hevia. Allí estaba Jonathan al frente de la tienda. «La verdad es que las ventas van bien», decía. Aunque «estas ferias sirven más para que la gente pueda ver un poco de todo sin recorrer mucho espacio», resumía.





