Los problemas conyugales hicieron que María Amor González decidiera abandonar su hogar el 20 de abril de 2005 llevándose a sus cuatro hijos a Avilés. Pocos días después, su marido interpuso una demanda de divorcio ante un tribunal religioso israelí y una denuncia por sustracción internacional de menores contra la asturiana.
A mitad del proceso, María Amor González inició una dura batalla mediática contra él, a la que éste se sumó posteriormente. Ella afirmó que su hija mayor había denunciado en los juzgados avilesinos a su padre por malos tratos, le acusó de maltrato, sembró dudas acerca de la legalidad de los negocios, realizó acusaciones veladas de bigamia y lo tachó de judío ultraortodoxo.
Mientras, los tribunales de justicia ceñían el caso al ámbito de la sustracción internacional de menores y daban la razón al padre. La sentencia sería más tarde ratificada por la Audiencia Provincial y los cuatro menores tuvieron que regresar junto a su padre en febrero de 2007, pese a que ellos habían manifestado que no querían volver a Israel. Desde entonces, la madre avilesina no ha podido volver a verlos.





