
Una mirada rápida a los cuadros que cuelgan de las paredes del palacio de Valdecarzana puede dejar una idea falsa: esto es una exposición colectiva. Retratos en acuarela sobre fondo blanco conviven codo con codo con coloristas obras abstractas en las que no falta la figuración y en las que se incluyen materiales como la tela. «Mucha gente prefiere tener un estilo concreto, pero yo soy muy hiperactivo estilísticamente hablando. Hay una línea que recorro y que va entre la figuración y la abstracción. Según mi momento vital soy más proclive a ir a un lado o a otro. Ahora estoy en equilibrio», afirmó Máximo Aláez.
La pausa reflexiva, que no pictórica, que se ha tomado con esta muestra, le servirá también para escoger nuevos caminos. «Necesitaba ver el conjunto para ver qué línea de trabajo seguía. Creo que la dirección más plausible que seguiré es el trabajo más libre en el que tenga protagonismo la materia. Aunque siempre puedo volver al dibujo de línea», concluyó el artista.





