El equipo de Preciado salió muy metido en el partido, sin fiarse de un rival joven, pero plagado de calidad. Los rojiblancos aplicaron una intensidad alta desde que el balón comenzó a rodar sobre el excelente césped de El Molinón.
El Sporting se movía bien en torno a Kike Mateo, quien tenía caídas a las bandas, zonas en las que encontraba la colaboración de Diego Castro y de Pedro. El de El Llano estaba en estado de gracia y pronto puso en evidencia a Gallardo, central reconvertido a la banda por circunstancias del guión y de las ausencias.
El primer aviso llegó al minuto de juego, en un cabezazo de Jorge que se le fue demasiado cruzado. Sólo pasó un cuarto de hora para el primer acierto, en un saque de esquina que Jorge desvió lo justo, para que Kike Mateo, más enchufado que los defensas hispalenses, empujara al fondo de la portería visitante.
Con la ventaja, los rojiblancos controlaron perfectamente el partido. Diego Castro tuvo más presencia, con los apoyos de Canella, Matabuena y Míchel aseguraban el control del centro del campo, Pedro hacía un trabajo extraordinario y la defensa no daba un respiro a los rivales.
De todas formas, el Sevilla Atlético dejó muestras aisladas de su calidad, con Juanjo como destinatario de las asistencias, ya que Alfaro, el teóricamente más peligroso, poco se dejó notar, salvo en un cabezazo cruzado en exceso, en uno de los pocos despistes defensivos de los rojiblancos. Algunas acciones individuales de Armenteros fueron lo más relevante del conjunto visitante.
Penalti escamoteado
El Sporting pudo sentenciar. El árbitro escamoteó un penalti a Kike Mateo, que, además, hubiera supuesto la tarjeta a Lolo y su consiguiente expulsión. El colegiado se dejó llevar y perdió los papeles hasta el descanso. Pero, pese a las adversidades, Varas se lució en un tiro lejano de Diego Castro y la madera rechazó un disparo de Kike Mateo.
A cinco minutos del descanso llegó el penalti de Sastre a Juanjo, en una entrada rara. Alfaro logró el empate, con repetición incluida.
El tanto no pareció afectar a los rojiblancos, que mantuvieron su tono ofensivo. Bilic pudo marcar, pero Varas se lució.
En el segundo tiempo, sólo hubo un equipo en el campo. El Sporting salió con la intención de sentenciar y lo logró pronto. Jorge aprovechó un despiste defensivo hispalense para rubricar un centro de Diego Castro. Poco después llegó el tercero, marcado por Kike Mateo, al aprovechar el rechace de la acción en la que Redondo quedó lesionado, tras el intento de Bilic de buscar posición de disparo.
Este gol pareció afectar más en el estado anímico a los visitantes, porque se convirtieron en un juguete en manos de una apisonadora. Galeote veía los peligros por las bandas y había dado entrada a Redondo, para frenar a Pedro y pasar Gallardo a encargarse de Diego Castro. Pero sólo estuvo dos minutos con el balón en juego.
Bilic, muy activo toda la tarde, firmó el cuarto, que cerraba la cuenta goleadora, en una jugada espectacular, en la que aprovechó un pase de Diego Castro, para hacer un sombrero al juvenil Cala y superar con un potente disparo al portero Varas.
Preciado buscó repartir los minutos. Entró Omar, con su juego explosivo, para retirar a Kike Mateo, en medio de una atronadora ovación. Luego fue Barral quien entró por Bilic.
El gaditano salió con ímpetu y ganas, pero le falta algo de chispa y le sobraron prisas.
También entró De Lucas, quien aportó ideas y dinamismo. Hasta ensayó el disparo a la portería de Varas. El partido llegó al final en medio de una fiesta rojiblanca, que también celebraba los resultados de los rivales más directos, después de haber ofrecido un estilo fútbol que dejó buenas sensaciones en el camino hacia Primera División, que se allana, además, ante los resultados de sus rivales.









