
Este año ni la organización se atrevió a calcular el dato oficial de asistentes. «Con tanto trasiego, es imposible. Al final sólo votan unas 700 o 800 personas. El 10%, aproximadamente», según explicó el presidente de la Asociación de Sidreros de Gascona, Francisco Colunga. Con el recuento hecho, salió otro dato: unas 3.000 personas compraron su vaso.
Más fácil le resultó hablar de sidra. Concursaron 15 lagares, la mitad de los que hay en Asturias, y se sirvieron al cabo de la mañana más de 3.000 botellas, el equivalente a 18.000 culinos.
La imagen de Gascona podría confundirse con la de años anteriores: parejas y grupos de la ciudad y venidos de fuera llenaron y recorrieron entre empujones la calle de arriba a abajo. El resultado del concurso también fue bastante habitual: el lagar Herminio se llevó el premio del jurado oficial, y a Trabanco volvió a no resistírsele el concurso. Por noveno año consecutivo volvió a ganar el popular.
Hevia, pregonero
Hasta el músico José Ángel Hevia, el pregonero, dejó su gaita por un día para probar la sidra. Subido al escenario y acompañado del viceconsejero de Medio Rural, Cristino Ruano, la concejala de Turismo, Carmen Manjón, y lagareros, arrancó un discurso en asturiano con el que retrocedió a su infancia.
«Cuando dar sidre a los guajes nun yera entá pecáu, cayó en manos míes y de la mio hermana una xarra y una botella sidre en casa mio güela . Nun m' alcuerdo de la primera vez que bebí sidre, pero sí d 'aquel día. Tendríamos cinco y tres añucos», indicó.
Y creció en Villaviciosa entre botellas y lagares, «como cualquier miembru de la mio xeneración y si la sidre ye la culpable del centímetru que me falta p' algamar el metru ochente bien lo valió la causa».
Si Hevia habló de anécdotas, Ruano lo hizo de promoción y calidad. «Estamos desarrollando varias líneas de trabajo, como la promoción de la sidra natural y las nuevas denominaciones», dijo. Entre sus propuestas para el sector, mencionó incorporar el producto en la marca de calidad del Principado, trabajar en las pumadaras y en la investigación.
De lagar en lagar
Alba y sus padres, José Luis Martínez e Isabel Fernández, estaban cerca del escenario, instalado al lado de la sidrería La Pumarada, cuando se inauguró la 'preba'. Se desplazaron desde La Corredoria, «como todos los años que podemos», para probar la sidra. «Cuando está fría ya no sabe igual, y de temperatura la que mejor estaba es Menéndez», dijo el padre. Su mujer sí la votó. Pero él dio su apoyo a Roza.
A su lado, y de paseo, andaban Ana Martínez y su hermano, Pepe. La sidra le supo igual de bien que cuando residían en Venezuela. Emigraron en marzo de 1972 y regresaron hace poco más de un año «porque ya somos mayores y añorábamos nuestra tierra». Allí frecuentaban el Centro Asturiano de Venezuela, pero la sidra la probaron con cuentagotas.«Con la política que se hace allí la sidra era inalcanzable, así que el mejor regalo que se le puede dar a los asturianos que están allí es mandársela», reflexionó.
Entre tanto trajín de gente, se escuchó alguna que otra voz venida de fuera. Los Erasmus Jennifer Daucunas, Alex Blair, Emma Northan y Claire Mc Closkey dejaron sus libros de la Universidad de Oviedo para acercarse a Gascona. A Claire, de origen inglés, la bebida no le supo a nueva. «La semana pasada estuve en Nava y en el Museo de la Sidra», dijo. Su amigo Alex, entre vaso y vaso, anunció proyectos de futuro. «Cuando regrese a Estados Unidos abriré una fábrica de cerveza con un amigo, y también quiero vender sidra». Ellos retornarán a su casa en verano. Rubén Castro y Cristina Reigada, alojados en Oviedo desde el viernes, volvieron a la suya, en Avilés, ayer. Aunque llevaban «todo el fin de semana bebiendo», no dudaron en acudir a Gascona para rematar el fin de semana. «Es la primera vez que venimos y vamos a participar en el concurso», indicaron. Como el resto, hicieron de degustadores profesionales de sidra por un día.





